{ ♦ La libertad es el mejor poder.

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Mensaje por Raito el Sáb Abr 06, 2013 4:32 am

Oscuridad
“Su peor castigo fue la inmortalidad…”
Después de cierta contienda dentro de las cordilleras del reino marino un joven moribundo se halla entre la lucha de sobrevivir o desaparecer en aquello que los mortales conocen como la muerte en vida. Sin un propósito más que servir como contenedor para una deidad moriría sin haber logrado estar en el lugar de aquello a lo que admiraba con todas sus fuerzas: la humanidad, cada uno de los puntos que consideraba particulares desaparecerían ante sus ojos sin ninguna posibilidad de continuar. Si moría, la promesa con aquellos individuos considerados su propia familia sería quebrantada.

Cada paso en aquél enorme espacio era una gota de líquido carmín derramada sobre el infinito océano, incluso la propia fragancia de la sangre entre la sal del agua mezclándose con el hierro de la susodicha llegaba a sus fosas nasales, donde una sensación escalofriante recorría cada parte de su cuerpo, desde la planta de los pies hasta el último mechón de cabello negro sobre su cabeza. Si iba a desaparecer, entonces quería despedirse primero. Poseidón por un lado notaba su gran cosmo energía dentro de él, las barreras que detenían el espíritu del dios comenzaban a desvanecerse así como las fuerzas con las que el individuo cargaba sobre sus espaldas.

-Este es el final, Damon-. Masculló la voz de Poseidón contra su oído mientras el cosmos de aquél le rodeaba en un color azulado, escapando de sus garras hasta la última gota de voluntad restante a su capacidad. –Fuiste una buena marioneta, he de admitir. Pero te volviste un obstáculo molesto de evadir y gracias a esa espectro tu estado cósmico se ha deteriorado lo suficiente: morirás en poco tiempo. Pero morir te sería placentero a éstas alturas, no permitiré que mueras; te sentenciaré a una eternidad en el tártaro- Risas burlonas hicieron presencia en semejante lecho de muerte, una sonrisa se forjó en los labios del griego sin siquiera responder sarcásticamente a los comentarios del contrario. A pesar de ello, una secuencia de lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos reflejando felicidad ante el momento.

–Sabes, siempre me pregunté qué clase de persona deseaba ser inmortal, al ver pasar los años sin deteriorar ni siquiera un centímetro de tu cuerpo mientras analizas las situaciones que has experimentado con personas que tarde o temprano desaparecerán dejándote a ti solo entre la oscuridad de tus recuerdos, me doy cuenta de algo curioso. Vivir para siempre es una condena que sólo unos pocos además de los dioses pueden soportar- No pretendía abarcar mucho tiempo entablando esa conversación, incluso se sentía débil para musitar una sola letra, bastaba con respirar profundamente esperando lo peor. Cuando Poseidón finalmente logró salir de su fallido recipiente un cosmos rojizo invadió a éste último, maldita noche y sus consecuencias en usos determinados. El tridente se postró ante las manos de su dueño original, las olas comenzaron a agitarse un poco observando el reflejo de las estrellas contra el mar. Aún mientras caminaba a duras penas sobre el estado líquido en el cual emprendía la fuerza restante.

-Celty Sturluson- Susurró mostrándose una debilidad incomprensible viniendo de alguien con su categoría jamás mostraría o dejaría conocer esa parte humana de él. Quizás el papel de víctima no había sido creado específicamente para todos, pero aún negándolo cada persona tenía una pequeña porción de ese ingrediente en la sopa de la vida. Y siendo sinceros, esperaba tener más condimento antes de finalizar el postre y marcharse. Cuando esas palabras escaparon de sus labios una sombra se hizo presente ante él, la joven Dullahan era por su naturaleza inmortal, ésta vez no tenía un casco encima mostrando la falta de un rostro o cabeza en totalidad. La misma extendió sus manos comenzando a redactar un largo mensaje ante sus ojos.

Sin poder evitarlo, las cosas se pondrían más sentimentales por el simple hecho de morir; o eso era lo que cruzaba por su mente en momentos ridículos a su criterio.
“Morir es una palabra que no debes tomar a la ligera Raito” Primer mensaje dentro del velorio, tan tierno e insignificante viniendo de alguien que puede subestimar el asunto cuanto desee. “Has vivido lo suficiente pero estás deteriorando tus propias características como ser humano. Ignorando que dejaste de serlo cuando robaste esencia suficiente de Poseidón, tu nivel ahora sobrepasa el de un semidiós. Aún existen alternativas para escapar dentro de este mundo y esperar, ya deberías saberlo; pero lo sabes de cualquier modo y esperas el momento adecuado para que alguien como yo lo mencione” –No necesitas recordármelo si ya lo sabes- Escapó una pequeña sonrisa ladina a pesar de estar desangrándose, sin siquiera pensar giró la mirada un momento a la figura de Poseidón, formándose en base al atributo primordial del mismo el típico porte majestuoso que todo humano temía, ahora él podía excluirse.

“No sé lo que estás esperando, Damon Solo morirá, al igual que el Caballero oscuro que solías ser, el mismo destino que Night sucederá, tanto como para aquél pobre músico que vendió su alma al averno. Pero sigues aquí, a pesar del tiempo y el espacio nada ha cambiado en esa mirada carmesí repleta de determinación y poder. Puedo corroborar ahora mismo que las personas más dañadas suelen ser las que lo reflejan en minoría. Y a pesar de todo este tiempo pocas cosas han cambiado de ti volviéndote un espécimen increíble para tus ojos, ahora entiendo qué era lo que observabas en el tridente marino esas noches de soledad. No eras egoísta, simplemente buscabas algo más en ti sobre tu reflejo; todo este tiempo estuviste jugando con los sentimientos ajenos para crear ilusiones efímeras de realidades que anhelabas vivir, porque tu pasado jamás fue o será suficiente para ti. Y eso te hace quien eres en este momento”

–No entiendo lo que quieres decir, tampoco sé qué se supone que soy cuando no tengo nada más y nada menos que a alguien sin cabeza a mi servicio-

“Será mi turno de ser egoísta entonces. Porque eres tú quien dominó el olvido y tiene la capacidad de hacer lo que se venga en gana con él, eres tú quien posee mi cabeza y no puedo dejarte morir. Fuiste tú quien dio origen a mí en base a esa oscuridad en el invierno” Su cuello cada vez bajaba más hasta llegar el punto en donde cayó de rodillas contra el mar generando un impacto sutil contra las olas en movimiento. –Si han terminado procederé a aniquilarte, Damon- Exclamó el dios. –Celty… huye, desaparece para no sufrir de daños por culpa de un pobre imbécil que jugó a ser dios y consiguió la inmortalidad de por medio, corre lo necesario y olvídame- La contraria quedó estática por un par de segundos, los suficientes para que el valor surgiera desde lo profundo de un corazón marchito rodeado de oscuridad, emprendió un par de pasos para sujetar el mentón del pelinegro con la mano izquierda, mientras tanto la zurda dio una enorme bofetada en contra de su mejilla sin siquiera avisar; pues no existía manera de reprochar el descontento que la joven sentía en su contra. Un ángel guardián sería un término muy inapropiado para ella, convirtiéndose en algo más de lo que podría mencionar bajo éstos párrafos de papel moribundo, mezclado con las cenizas de aquellos hombres, mujeres, niños y ancianos olvidados por sus seres queridos.

En menos de lo esperado Poseidón se había lanzado en contra de él para insertar el tridente generando un corte profundo. El agua comenzaba a teñirse de un rojo oscuro, el hierro de la sangre caía con rapidez ante las sensaciones restantes de un moribundo cadáver andante. No estaba sucediendo algo común, su espíritu estaba brotando de su cuerpo.
Un gemido ahogado terminó por expulsar cada parte de su ser, mientras la oscuridad de la Dullahan atrapaba el alma abriendo un portal al Limbo, Poseidón maldecía el momento donde el joven llegaba al mundo bajo el apellido Solo, siendo éste una simple fachada para conseguir algo que muchos estarían dispuestos a robar: el castigo de vivir por la eternidad.
Esa sería la última vez que el joven Damon Solo respiraría sobre la faz de la humanidad, Poseidón regresaría al sueño repentino de doscientos años hasta que alguien con la capacidad de mantener su espíritu. Mientras tanto, el ser conocido como Raito terminaría por comenzar el recorrido de la dimensión creada por él para encontrarse todo aquello por lo que cruzó en su camino hasta ese preciso instante.

Y quién sabe, permanecer ahí no era cuestión de gusto o necesidad, convirtiendo su pasado en cenizas, el presente en flamas, y el futuro en una resurrección más agradable a su gusto. Si ese era el sendero más indicado a seguir, entonces no dudaría en trazarlo bajo ninguna circunstancia. Los rostros de dos personas jamás serían olvidados.

Olvido
“Lo hicimos por la gloria, y por libertad…”
Ni siquiera tomaría el descaro de decir que estaba olvidando nombres, rostros e historias vividas bajo las pieles portadas. Armaduras que sirvieron como escudos y benefactores en una lealtad nula más que a sí mismo y a las personas que en verdad apreció.

Su camino lo llevó a un espacio pequeño no mayor de dos metros cúbicos entre los cuales él y Celty se encontraban observándose mutuamente, vista dirigida hacia los ojos carmesíes y a un cuello sin cabeza la cual sostener. Pequeños momentos fueron los que pasaron durante tan corto lapso de tiempo, a su indicación, bastó con chasquear los dedos una sola vez para extender el espacio a algo infinito. Raro era el no ver una sola silueta de colores rojizos andando sin rumbo entre recuerdos de una vida inerte.

Es decir, las figuras, memorias producidas por los recuerdos de aquellos que habían sido lastimados frente a sus ojos ahora no se encontraban; quizás Poseidón los había arrebatado con parte del poder que él creyó haber robado. Sin embargo, pese a todo eso aún conservaba la parte esencial que le mantenía de pie aún de esa forma tan miserable. Sus ojos de un color grisáceo comenzaron a tornarse, mientras el rojizo restante se dispersaba a modo de cosmos en la creación de un lienzo avanzado, ciudades destrozadas unificadas sin una regla gravitacional, suspendidas en un vacío de atardeceres incompletos. Sensaciones incomodas recorren su rostro a modo en el que la sangre que cae lentamente se pierde en el concreto creado por sí mismo con el fin de sostenerse.

Entonces un enorme sendero se crea dibujando al final un enorme piano hecho a base de marfil, a un costado derecho encontramos cientos de hojas de Laurel, y quizás a un lado se encuentre una pluma cargada con tinta negra hecha para plasmar sus recuerdos en trozos de vulnerabilidad.

Sus manos podían temblar, pero no sentían dolor. Las costillas tenían una sensación desconocida siendo un escarmiento diferente a cualquier tipo de agonía sentida alrededor de toda su existencia. Sin embargo, las gotas de sangre derramadas por su cuerpo tenían el olor metálico en suma abundancia provocando una expresión que plasmaba su inconformidad y repugnancia ante el momento, sin contar con el desagradable porte en el que se encontraba. Había perdido contra de un dios Olímpico, la batalla estaba perdida más la guerra continuaba. Sólo contaba con un soldado, y quizás dos bajo su supuesta lealtad, no consideraba la palabra como algo relacionado a un ejército; se enfocaba en la familia unida en lazos cósmicos y no en vínculos de sangre heredados, aunque parecía algo similar a tal. A esas alturas, la Dullahan estaba cruzada de brazos mirando la miseria de su amo en semejante situación, sus ojos parecían vacíos, perdiendo esa chispa que le mantuvo vivo por varias ocasiones al estar frente al borde de la muerte.

Y no todos los tesoros habían resultado ser de plata y oro. Entonces comenzó a caminar, una pierna era incapaz de reaccionar, ante ello sus pasos iban enfocados en su pie izquierdo manteniendo el contrario como podía, cabe destacar que a esas alturas a duras penas un alma puede conservar la consciencia; era un milagro que el joven Raito estuviese de pie. Rápidamente, la fémina se acercó oponiéndose al camino del dueño, creador, motivo de origen en su existencia, comenzando a redactar un mensaje. “Estás forzándote demasiado, más de lo que puedes manejar, no sé por qué sigues haciendo esto, quizás la idea de morir te aterra pero debes aceptar el destino que te ha tocado vivir.

Por mi parte, sé que puedo hacer algo, pero necesito de tus órdenes para poder actuar, a decir verdad tampoco garantizo que tus planes puedan funcionar ahora que tu cosmos se ha reducido al de cualquier aspirante. No tiene sentido si sigues así, ni siquiera puedes moverte con libertad en un mundo que has creado tu mismo, incluso las heridas físicas permanecen ahí, en cualquier momento te quedarás sin sangre y tu cadáver se quedará en el olvido, tu alma también sufrirá lo mismo y…” Suspiró, leyendo con cautela lo siguiente. “Yo desapareceré si tu mueres. Tengo miedo, tengo… miedo” –No puedo creer en mí mismo nunca más, si tú dejas de creer en mí- Susurró, comenzando a brotar una cantidad incontenible de lágrimas.

Después de años, la capacidad de llorar estaba regresando a él, a esas alturas su nivel biológico podía compararse con el de un dios, sonaba irónico que al final estuviese convirtiéndose en algo que en un comienzo aborreció, y en un presente jugó sin pensarlo dentro de tal papel. “Ya has tenido suficiente, pero aún mantienes esperanza dentro de tu mente retorcida, no entiendo por qué pero tampoco lo preguntaré. Espero tus indicaciones” Ciertamente Celty era muy rápida escribiendo, o en realidad estaba temerosa de los acontecimientos que podrían suceder.

Con la diestra indicó que se apartara lo suficiente para permitir el paso entre su sendero, siendo así un factor que arrancó de su ser un número incontenible de jadeos por el dolor en el alma del momento. Sus pasos comenzaron a ejercer una fuerza capaz de mover montañas, creando grietas en las calles abandonadas de memorias implantadas para crear un mundo de fantasía donde la cruel realidad no podría llegar en al menos un siglo, para los dioses podría ser un pestañeo, pero nada perdía en esperar un poco más para mostrar al mundo lo que era capaz de hacer cuando en verdad sus planes más elaborados eran colocados en marcha.

Sus dedos comenzaron a tranquilizarse, al igual que el resto de sus músculos con las heridas que el arma mitológica de Poseidón, su tridente, habían provocado en él nada más que estragos cósmicos, físicos, psicológicos y quizás logrados desgarrar el alma también. Podía recuperarse, pero siendo sinceros no podía decir o explicar con exactitud cuánto tiempo tomaría hacerlo; y el tiempo en su caso era un factor bastante peculiar.
-Como sabes, Pandora elabora una labor crucial en la guerra santa cada doscientos cuarenta y tres años, tal tarea es elegir el cuerpo del recipiente que Hades tomará para seguir un curso infinito en cada generación. Mis órdenes son interceptar el cuerpo del bebé antes de que Pandora lo haga, es decir, te convertirás en una especie de Heraldo para mí, Celty- Murmuró, empuñando su mano, el hierro en la sangre se enfocó poco a poco creando un anillo mientras ambos avanzaban al final del camino. –Entregarás este anillo bajo cualquier precio al infante cuando lo reconozcas, colocarás el mismo sobre su dedo y éste se adaptara al físico del niño conforme crezca.

Al llegar Pandora, el espíritu de Hades se verá comprimido y eventualmente controlado por mí desde el Limbo, rompiendo la barrera que existe entre el Olvido y los Campos Elíseos- La contraria quedó estática, iba adelantada a él, en semejante escenario todo se redujo al silencio absoluto acompañado de ventiscas pequeñas, tan débiles que eran incapaces de moverle un solo cabello de color negro. “Planeas dominar el Inframundo, no entiendo la razón de tu existencia en este momento, explícamelo… Tú los odias a muerte, aborreces cada centímetro que una Surplice abarca en los cuerpos de jóvenes inocentes que han vendido su alma a las tinieblas, simplemente no tiene sentido Raito” –No existe un odio más grande que a la encarnación anterior de tal individuo. Sólo a él. Verás, Johann de Caith Sith fue un infiltrado desde que inicié mi camino en aquél entonces; se le nombra “aquél que está en todas partes y en ninguna a la vez” Te podrás preguntar por qué. Lo responderé a resumidas cuentas:

Hace tiempo asesiné siendo espectro a una cantidad considerable de éstos, incluido en el paquete, el alemán puso en mí una conexión inesperada, su esencia se mezcló con la mía, por ello tomé su apariencia al momento de recibir a Poseidón como Damon Solo, fue gracias a él que no colapsé en un inicio, poco después tomé el control absoluto pero como ambos sabemos fracasé. Por alguna razón, mis inicios arrastran la poca consciencia que me queda, por ello también debo salvarlo a él.

Su nombre será Evan Hellsing, es irónico que mis recipientes tengan algo que ver con sus destinos, Damon terminó libre gracias a Poseidón, quizás deje de existir más tarde por capricho del mismo. Pero al final carece de importancia cuando mi posición es otra; por ello requiero que cumplas esa misión, Celty Sturluson- La figura femenina parecía mostrarse sorprendida, no sólo por el hecho de que el teléfono celular cayera en contra del concreto no sin antes ser salvado por la sombra de la misma. Fue poco tiempo entre su respuesta y la propia “Espero sus palabras, mi señor” –Search and destroy, search and destroy… SEARCH AND DESTROY!- Repitió terminando por exclamar a pesar de perder el equilibrio en un movimiento brusco. Cayó, sus dedos se aferraron con fuerza al concreto, deteniendo de algún modo el sangrado; su alma por otra parte comenzó a volverse traslúcida, sin entender la razón, recuperó el porte inicial al caer en ese mundo, mientras Celty abría un portal en dirección al pasado, rompiendo el tiempo y espacio en un solo instante.

Quizás estaba tomando acciones muy repentinas a lo que podría resultar algo inconveniente para varios, pero de algún modo sentía que estaba haciendo lo correcto. El alma del joven previsto en memorias propias olvidadas desde hace tiempo lo indicaba, aquél niño sería pieza clave en su tablero de juego. Por un momento creyó que todo terminaría de un modo tan deprimente, lo peor es que a duras penas había logrado llegar a la mitad del camino, un conjunto aparentemente infinito de hojas en las cuales anhelaba escribir le esperaba a un costado del instrumento que debería tocar. Si no lo hacía, no había razón existencial para haber creado un instrumento musical con las últimas fuerzas que le restaban. Su recuperación aún estaba demasiado lejos, casi inalcanzable a todo lo que estaba presentándose. –Cómo podría rendirme aquí, ahora… Si mi nombre está plasmado en las paredes de éste mundo, incluso cada rincón tiene mi esencia, mi poderío; reflejada en una sola frase, la cual Byron deberás aprender a su debido tiempo.

Pues no es nada prudente adelantarse a los acontecimientos que en el mundo poseen entornos fantásticos, quizás seas algo similar a un hijo o derivados; no lo sé. Pero a diferencia de los errores que he cometido en un pasado no pretendo abandonarte y dejar el error marcado en la historia; has sido destinado a vivir en un mundo donde la vida no existe, convirtiéndonos a ambos en los gobernantes del Inframundo, y a ti en un dios. Creo que, no podría considerarme como una índole de procedencia divina cuando solo puedo controlar la dimensión que conquisté… Pero eso dejó de importarme hace mucho, cosas como la inmortalidad no existen, sólo es una prolongación ocasional de la existencia capaz de cada individuo.

Mi límite está por encima de los humanos, y creo que ya he perdido cualquier esperanza de volver a convertirme en algo conocido científicamente como tal; las preguntas y la ciencia no hablan tan fuerte como mi corazón lo hace. Ridículo, quizás, pero son palabras que entenderás una vez que estemos juntos en el mismo juego, bajo el mismo bando e inclusive compartiendo un espíritu que otro ser debería obtener de no ser por mí.
A veces me pregunto si el deseo de protegerte es una manera de compensar aquella promesa que no pude cumplir esa tarde, o la noche en París. Sea cual sea el motivo no pretendo fallarte, Evan- Ni siquiera tenía en mente el por qué estaba hablándole al aire, pero era relajante en cierto modo, porque sus palabras quedaban registradas automáticamente en las hojas a su disposición mientras entonaba una dulce sinfonía con el piano delante de él.

–Tampoco puedo olvidar que los recordaré por siempre, Remí… Natassia… los quiero- Susurró comenzando a encenderse en su propia cosmo energía, quedando el limbo entero congelado por el tiempo mismo. Sus heridas sanarían lentamente hasta poder ser capaz de descender al mundo mortal y cooperar con su propio plan.
Salvación
“La historia del Silver King, emperador del Inframundo…”
Remontamos la historia a la misión de Celty, quien apareció en las tierras británicas del Reino Unido diecisiete años atrás antes de lo sucedido. Después de meses de haber buscado al joven adecuado, finalmente dio con un recién nacido; era albino, de ojos dorados tan fuertes como los de una armadura proveniente del santuario, lástima, pensó ella.

Pues sería él aquél hombre que gobernaría el Inframundo una vez que su alma estuviese en contacto con la de su maestro. Sus orígenes se remontan en una noche de verano dentro del mes de Agosto, al cumplirse la primera semana del mismo su madre da a luz al niño destinado en convertirse en algo más allá de lo que los seres humanos comunes pueden visualizar; el futuro gobernante del Inframundo y el Limbo había llevado una vida repleta de amor, hasta sus tres años donde a causar de un descuido la historia se repite por gracia de la Heraldo de Hades, esa noche de arribo, se supondría que por causa de la barrera del Inframundo todo aquél ser dentro de su alcance sería salvado, erradicado, asesinado, destruido.

Sin embargo, Celty había logrado contrarrestar el efecto con éxito sin provocar alteraciones en el ambiente. Dejó a propósito que Pandora colocara el collar de Hades creyendo que todos habían muerto ante su paso, pero el individuo dentro del Limbo despertó de su largo sueño en ese instante, creando una ilusión donde la ya mencionada mujer que desató cada mal en el mundo viviría tranquila el resto de sus días esperando el momento preciso para el surgimiento del averno.

El joven Hellsing acogió a Celty como una especie de tutora desde la corta edad de cinco años, la contraria le adiestró cada enseñanza sobre el cosmos llegando a manejarlo al nivel de un santo dorado a los siete años. Sus naturalezas no estaban definidas, pocas restricciones aplicaban en él; por alguna razón su poder comenzaba a crecer conforme los años avanzaban.

Sin mencionar que Raito ya había despertado para enfrentar al espíritu de un dios olímpico en el interior del recipiente; la contienda tardó semanas en las cuales el albino fue incapaz de dormir, cayendo en un estado depresivo exigió explicaciones a su maestra hasta llegar al punto en intentar suicidarse, siendo imposible penetrar la carne de su cuello con un cuchillo de cocina a causa de una barrera creada con eficacia por el individuo del olvido. Los años siguieron pasando, la oscuridad, el viento, las almas y cada uno de sus derivados fueron aprendidos; su destreza se enfocó en la materia y la física como arte de combate, posterior a ello Celty le adiestró en el cuerpo a cuerpo obteniendo resultados maravillosos. Hablando un poco más de la historia del joven, estudió en una academia privada, mostrando una personalidad versátil acorde a cada mundo en el que tendría que vivir.

Por supuesto que no estaba del todo de acuerdo en abandonar su vida actual y morir, como Líder de la familia Hellsing existían una gran cantidad de responsabilidades que debía cumplir sin siquiera pensarlo dos veces, su carácter había adoptado el liderazgo suficiente para hacerse cargo de la familia desde la edad aproximada de doce años, en la pubertad poseía un nivel de madurez idéntico al de un hombre con veintidós años de edad, mostrando ser un perfecto estratega se le otorgó el Alias de Rey Plateado, o en su idioma natal Silver King.

La esencia de Hades había sido comprimida a voluntad por el joven de ojos grisáceos residente en el olvido, a la edad de diecisiete por parte de Evan, Raito invadió el mundo humano nuevamente en forma de un alma con particularidades distintas a lo que se conoce. Ahora, sus ojos mantenían un vivo tono violeta, clásico de todo espectro.

El señor de la familia Hellsing, con un carácter dulce observa la puerta, mientras sin pedir permiso algo o siquiera la autorización de haber entrado a la enorme mansión. Sus pasos eran comunes, conservando esos aires elegantes desde tiempos que siendo sinceros no podría recordar a menos de que leyera cada hoja redactada anteriormente. Sin embargo aún tenía memoria de cada uno de los movimientos hechos desde su existencia como caballero dorado de Atenea.

Irónico resultaba ser terminar en el bando del enemigo completamente, Poseidón era algo más neutral pero Hades era distinto, y ahora era su trabajo cumplir con el resto del plan. Antes había jurado no pisar el Inframundo nuevamente, pero alrededor de todo lo vivido también había roto un sin número de éstas, conservando la culpabilidad por dentro considerando solo dos; proteger a esos dos magníficos seres estaba fuera de su alcance a pesar de tener la disposición de ir a buscarlos; había algo que debía solucionar con mayor peso, no para él sino para el mundo entero, comenzaba a creer que no se necesita ser egoísta para vivir, y sería la última vez en caso de entrometerse.

-Buenas noches- Saludó, entonces Celty apareció a un costado de su albino amo en menos de unas décimas de segundos. –Saludos, sería bastante amable en decirme su nombre, por favor- Cuestionó el contrario, él por su parte sonrió con amabilidad, sin necesidad de encender su cosmos o algo por el estilo el lazo entre ellos dos era bastante grande, considerándolos seres opuestos pero idénticos al mismo tiempo, casi tanto como los colores del blanco y el negro en la noche andante. –Mi nombre es Raito, yo fui quien ordenó a Celty que colocase el anillo que portas en tu dedo como símbolo de la familia Hellsing. Además, también fui quien ordenó que cada una de las características cósmicas que yo poseo se te fuesen adiestradas única y exclusivamente a ti, Evan.

Para concluir, fui yo quien apresó el alma de Hades para convertirme en uno contigo mismo al final y dominar el Inframundo, posteriormente el mundo, y conceder la libertad más gratificante- Demasiadas palabras podrían confundir al joven de ojos dorados, pero no era así, podía entenderlo todo; no solo por el hecho de tener una parte de él, y haber crecido con su cosmos. –Creo que te debo demasiado, para una voz que nunca escuché hasta éste mísero momento. He visto todo quemarse, también lo he visto renacer, pero no sé si tu palabra sea una promesa rota, lo cual es muy probable.

Sólo el silencio me acompañó, no quiero preguntar dónde estuviste cuando todo se vino abajo, no sé si podrás soportar el dolor, tampoco si esconderás tu rostro, ni cuánto tiempo tendrás miedo, o si tendrás miedo a jugar este juego y al final dejes todo arder en llamas. Si tu palabra va acorde a lo que he dicho, entonces te enfrentaré y uno de los dos morirá aquí- Celty no estaba sorprendida, tampoco Raito, de cualquier manera las cosas iban a cambiar. –Celty, has cumplido tu misión con éxito, regresa a mí- Susurró, la Dullahan obedeció sin pensarlo dos veces, su figura se deshizo en viento convirtiéndose en tempestad, viajó por la enorme habitación hacia un costado detrás de su dueño original.

–Tú no eres humano- El mayor suspiró un tanto fastidiado. –No vamos a caer en una enemistad cuando tú eres producto de mi propio cosmos. Tenemos trabajo que hacer, Evan- Murmuró, enarcando una ceja. –Tiene razón, Raito…- Afirmó, levantándose, siendo envuelto en una cosmo energía plateada, entonces el alma del susodicho fue atraída al campo magnético del contrario, terminando en una fusión. Su aspecto podía cambiar al del contrario, el único cambio que su cuerpo sufría era el color de sus ojos, de dorados a violáceos. Mentes compartidas, almas separadas, cosmos restaurado; poder de Hades absorbido, tanto como su puesto e incluso el reino le servirían a él ahora. Evan o Raito, era lo mismo en rostros distintos con personalidades diferentes. –Ahora debería abrir una brecha dimensional al Inframundo, para ser precisos a la Octava Prisión, Cocytos, pero los Campos Elíseos son más tentadores- Negó al final, cayendo en la primer opción.

Una vez ahí, sus pasos lo encaminaron al Inframundo, el mismísimo lugar donde Night creció, siendo otro apodo de Raito. Algo con lo que el joven Evan cargaba era un paraguas japonés metálico, por alguna razón le parecía extraño traerlo pero debía conservar sus recuerdos intactos, es decir, ahora mismo ya era considerado como un dios Olímpico. Frente a Guidecca, la cuarta esfera del mundo de los muertos, admiró con un tanto de preocupación lo que sucedería de ahora en adelante, y no estaba hablando únicamente de Evan, sino también del olvido llamado Raito.

Quizás todo sería más difícil, quizás todo sería mejor, o peor. Pero estaba dispuesto a mostrarle a la humanidad la verdadera esencia de la salvación; la oscuridad y el frío no necesitan de nada para existir, son eternos e infinitos… Una vez dentro visualizó su trono, pertenencia con la que tendría que lidiar poco después. –La verdadera fuente de poder no reside en el cosmos, tampoco en la voluntad de servir a algo divino, mucho menos el poder de una armadura. Espero que hayas encontrado la respuesta señor Hellsing, o mejor dicho Hades- Habló Raito en su cabeza, creando una prisión inquebrantable contra el espíritu del dios, su voluntad se vería suprimida para tomar posesión absoluta sobre sus poderes, beneficios, y cada punto relevante. El joven afirmó desde sus adentros, sentándose en el trono con sutileza, colocando el paraguas a un costado, entonces brilló, vistiendo una túnica de color negro en menos de unos segundos; ahora su espada se encontraba bajo la misma. Ahora era Hades. –La libertad es poder- Finalizó, revelando el secreto.

Recordando el hecho de ser Hades, el joven de cabellos albinos mostró un poco de pecularidad en cuanto a la reacción de su antecesor cósmico. Poseidón habría de tomar otro cuerpo, Atenea también, entonces una cruzada de guerra daría origen a algo catastrófico en la era actual. Mitológicamente hablando, decidiría conservar los rasgos de su propia personalidad, haciendo de lado la labor de provocar la salvación de distintas ciudades que en verdad merecían desaparecer; para enfocarse en algo tan simple como vivir el mundo sin límites; porque eso significaba el poder obsequiado por el pelinegro de ojos violáceos.

Sus ojos podían cambiar de color, lo sentía; cada parte de su poder iba dispersado y aumentado en grandes cantidades ¿Eso era ser un dios? Podría acostumbrarse, la parte de comandar un ejército y llevar a la muerte toda impureza dentro de la tierra sonaba prácticamente perfecto. No obstante, no era algo que pudiese tomar a la ligera, mucho menos las palabras.

–Si la libertad es poder, no logro comprender por qué estás limitándote a ti para algo tan complicado, puedes dejar todo esto sin siquiera dejar una pizca de tu presencia y nadie se dará cuenta de ello- Argumentó, un poco confundido. Por otro lado una risa sarcástica escapó desde el fondo del Rey Plateado, donde el mantenía su posición.

–Verás, mi estimado dios del Inframundo. No, Evan: Yo amo a los humanos, los humanos son piezas que los dioses adoran para cometer cualquier tipo de catástrofe, son piezas en el tablero reemplazables. Podemos encontrar ejemplares que destacan por su personalidad, destrezas, o bien cosmos. El cosmos es algo más allá de lo que una mente como la tuya puede entender estando aquí, debe pasar más tiempo para que asumas el papel. Por el momento puedes hacer lo que desees, incluso salir de aquí. La armadura, el puesto, el reino, los siervos... Todo nos pertenece- Celty aún permanecía afuera, vigilando la entrada.

Aquél albino tan solo se limitó a sonreír. –Entiendo, has utilizado un gran número de marionetas por lo que veo, ¿Te parece si nos turnamos a la hora de combatir? Creo que debo aprender del mejor en un principio, sino terminaría perdiendo ante algo que no puede ser competente, también es necesario cuidar la postura. Conservamos la esencia original de Hades, pero es tú plan al final- Haciendo un énfasis en el "tú". Pronto su cosmos aumentó lo suficiente para indicar que el Rey de los infiernos había reincorporado su porte al puesto correspondiente. Sin saber nada de su antecesor (y careciendo interés en el pasado) tomó la espada mítica, ciertamente la imaginaba más pesada desde un principio.

–¿Crees que el mundo pueda perder su color tarde o temprano, Raito?- Cuestionó bajando un poco el rostro, siendo envuelto en su totalidad por aquella energía violácea, su cabello no cambiaría, únicamente sus ojos como muestra del poder adquirido. –Lo hará cuando la libertad de vivir se pierda entre las cenizas de un juego eterno- Evan no pudo evitar contener una risa entre dientes, en realidad sentía curiosidad por la capacidad de su poderío en ese momento. La experiencia del maestro de la oscuridad comenzaba a recorrer sus venas, sintiendo cada parte del dolor que el contrario soportó en sus momentos. No por ello estaba muriendo, era algo distinto, no estaba reencarnando. Ahora que recordaba, estaba en la misma posición que el hermano de Zeus y Hades en su momento, como Damon Solo. –Comencemos con ésto...- Susurraron ambas voces al mismo tiempo, cerrando los ojos. Aquello daba inicio a un nuevo capítulo, los límites eran pocos y debía admitir que sería divertido.

Sólo podía arrepentirse de una cosa, y era abandonarlos a ellos dos en particular. Pero ahora debía tomar cuidado del joven Hellsing y la entidad inmortal sin cabeza de nombre Celty. La vida daba muchos giros en menos tiempo de lo indicado convirtiéndose en todo un remolino donde nos es impredecible conocer los caminos a nuestra disposición, el final que conlleva cada uno puede llevarnos a cometer errores; no existe una sola persona que haya completado ese camino llamado "Vida" sin haberse topado con una piedra en el sendero, eso es llamado "Error", una vida sin errores no es vida porque dejaríamos de ser humanos ante nuestra perfección. Un músico dijo hace milenios en su lecho del trágico romance: Los humanos no están hechos para ser felices. La muerte no es el final, pero es una salvación hacia otro parámetro con mejores probabilidades. O eso es lo que se dice acerca de ello.

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