El Legado del Relámpago Negro

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El Legado del Relámpago Negro

Mensaje por sebasraos el Lun Abr 22, 2013 10:53 pm

Capítulo 1
Cadena
Las incandescentes luces de neón de llamativos y brillantes colores iluminaban las nubes de humo artificial creado a partir de una máquina dispuesta para tal fin en aquella discoteca donde la música electrónica sonaba en niveles ensordecedores haciendo que decenas de jóvenes danzaran y se movieran frenéticamente al ritmo de lo que escuchaban. Mientras, a lo lejos en una de las mesas, con un long island en su mano, y varios vasos vacíos a su alrededor de lo que fueron en su momento otros cócteles y bebidas similares, Sebas observaba en su muñeca derecha el brazalete de color verde esmeralda con apariencia de piel de reptil, y mientras lo hacía recordaba claramente a Alaina y sus palabras antes de lo que él solía llamar su “resurrección”, ella lo envió de regreso a Opi, pero ahora... no estaban juntos y estaba bastante seguro que nunca lo estarían de nuevo. Al final, y justo como lo temió desde el primer día la había traicionado y humillado de la peor manera, al parecer era su naturaleza ser traicionero y priorizar sus placeres personales y el logro de sus objetivos a priori, por encima de sus sentimientos y los de los demás.
Después, tomando un largo sorbo de aquella bebida suspiró largamente, necesitaba algo que lo reanimara o que al menos lo sacara de aquella sensación de vacío que lo inundaba, y mas aun, tenia consigo la duda del por qué el pacto que tenía con Alaina seguía en pie luego de haberlo roto, tal vez se debía a que hasta el momento no había tenido que usar el poder de aquel objeto, simplemente no lo sabia. Pidió otro trago, esta vez uno más fuerte, una mezcla de vodka, tequila, y crema inglesa, se lo tomó de una sentada para luego dejar unos cuantos billetes al cantinero sin siquiera fijarse si era más o menos de lo que costaba todo, y salió del lugar adentrándose en aquella jungla de concreto, en la cual a pesar de las elevadas horas de la noche seguía tan lleno de ruido y vitalidad como si se tratase del medio día.
Caminó durante un buen rato, sintiendo el fresco viento de la noche en su rostro, bajando rápidamente el efecto de la gran cantidad de licor que había ingerido, y sorpresivamente fue abordado por un anciano vagabundo, su apariencia era desagradable, el olor que despedía era repugnante, sus ojos se encontraban perdidos en el vacío y su enmarañada y mugrienta barba ocultaba casi en su totalidad sus dientes a medio podrir. Agarró al joven de las muñecas sin previo aviso y profirió unas palabras casi incomprensibles para cualquier persona, pero de alguna manera causaron en el joven de larga y cuidada cabellera albiazul una sensación como ninguna, un escalofrío recorrió toda su piel, y el efecto de la bebida se disipó en su totalidad. Sebas, aturdido trató de soltarse y darle una paliza al mendigo, pero algo se lo impedía y lo único que pudo hacer fue permanecer inmóvil observando al vagabundo con una mirada de desprecio y furia contenida en sus orbes rojizas, mientras este ignorando la forma en que era observado, comenzaba a hurgar en sus mugrientos bolsillos de donde extrajo un trozo de papel sucio y húmedo, el cual depositó en la mano del joven de mirada furiosa, para luego soltarlo y escabullirse entre los oscuros resquicios de los edificios desapareciendo sin dejar rastro alguno.
Un par de minutos pasaron tras la huida del mendigo y Sebas volvió en sí, aturdido, molesto y sin explicación alguna ante lo que había ocurrido instantes antes, sintió asco del papel que tenía en sus manos, pero curioso y guiado por su instinto lo desenvolvió cuidadosamente encontrando en él un verso anotado en letra garabateada pero que aun así guardaba un visible esfuerzo por mantener un nivel de caligrafía aceptable, unas cuantas gotas de sangre seca esparcidas por todo el papel y una delgada y ornamentada cadena de eslabones fabricada de un oscuro pero brillante metal, el cual sin lugar a dudas debía de tener un valor muy elevado, causando en el joven la reacción tardía de buscar al vagabundo, ya que era imposible que una persona como esa hubiese conseguido tal accesorio por un medio limpio, y al darse cuenta que era inútil se guardó la cadena en su bolsillo y dio paso a la lectura del papel.
“La oscuridad del relámpago, en la isla Milo aguarda, un secreto oculto, sangre derramada, escape de la prisión eterna.”
Las palabras eran extrañas y confusas, pero para Sebas eran una clara invitación al misterio, a investigar, una fuerza oscura y desconocida lo llamaba y lo impulsaba a viajar a aquella isla, intuía que había algo destinado para él en aquel lugar o al menos eso sentía en aquel momento, no podía saber a ciencia cierta si se trataba de una trampa, o si sería una aventura corta, sencilla, peligrosa o quien sabe que cosas podria encontrar al final de aquella travesía, tal vez incluso ni siquiera valdría la pena y no encontraría nada de valor o que fuera de importancia para alguien, pero era bastante tarde y necesitaba descansar lo suficiente para tener la capacidad de analizar profundamente ya que estaba totalmente seguro que necesitaba leer entre lineas aquel misterioso papel si quería encontrar alguna respuesta a todos aquellos misterios que se escondían en aquel papel, en la cadena y la forma en que esta le había sido encomendada.
* * *
El sol matutino iluminaba la habitación en su totalidad, en ella, Sebas se encontraba sentado en el borde de la cama observando el papel y analizando con más profundidad el mensaje grabado en el, dandole un poco de importancia por primera vez a las gotas de sangre las cuales tocó suavemente con las yemas de sus dedos sintiendo la textura rugosa de la sangre coagulada, en ese momento una siniestra y oscura sensación lo envolvió, una energía mítica y más allá de su comprensión, transmitiendo una visión directamente a su cerebro. Vió unas ruinas en medio de la noche, túneles subterráneos iluminados por antorchas y custodiados por algunas cuantas siluetas encapuchadas, escuchaba murmullos en un idioma que no comprendía provenientes de aquellas figuras, las cuales hacían eco en su cabeza, pero sin duda se encontraban en aquel lugar rindiendo adoración a algo, podía percibir un gran poder abrumador como nunca antes había experimentado, sensación que se hacía cada vez más fuerte a medida que avanzaba por un largo corredor hasta llegar al fondo del mismo, en donde una gigantesca puerta se abría de par en par adentrándose en un oscuro recinto mientras las voces se convertían en un cántico ensordecedor, acercando a algo que no podía discernir claramente de qué se trataba, extendió su mano para tomar el objeto, sintiendo la necesidad imperativa de tenerlo, únicamente para verse de regreso a su habitación con la mano extendida hacia el frente intentando agarrar el aire, y la oscura cadena que venía envuelta en la nota colgaba de su mano, con un brillo hipnotizante y siniestro como enviando una señal de lo importante que era para lo que se avecinaba.
Sebas permaneció por unos instantes con sus ojos abiertos como platos, el sudor recorría su frente y se encontraba jadeante y levemente mareado, se había hecho claro que debía viajar a la Isla Milo tal y como lo había dicho el desagradable sujeto de la noche anterior, en especial porque con la visión tanto el lugar exacto donde se hallaban las ruinas como el mapa de todos los pasadizos de estas se habían quedado grabados en su mente, aunque aún no sabía exactamente que encontraría allí, o el motivo por el cual parecía obligado a desplazarse hasta ese remoto lugar.
No empacó absolutamente nada innecesario, simplemente se guardó la cadena en un bolsillo y la nota en otro tomando un pequeño morral lleno de artículos de supervivencia y unos cuantos víveres entre los que figuraban un par de cantimploras con agua, se colgó al hombro el morral y salió rumbo al aeropuerto, en dirección a uno de los hangares privados en el cual lo esperaba un piloto que contactó durante el camino, pactando con él una suma elevada como pago por el viaje en helicóptero hasta la isla sin la más mínima planeación, pero para Sebas no representaba ningún problema, de algo servía toda la herencia obtenida con el arduo trabajo de los mercaderes que lo criaron, y que ahora estaban bajo su comando. Y tras unos cuantos minutos de papeleo, la máquina se puso en vuelo con un fuerte ruido a medida que tomaba altura y rápidamente se alejaba de la ciudad, la cual se hacía pequeña a medida que se perdía en el horizonte dejando paso a los verdes pastos, las montañas, los diminutos pueblos y campiñas con sembradíos de los agricultores, todos los cuales se transformaron finalmente en un vasto e inmenso mar. Eran hermosos paisajes a los cuales el joven no le prestaba atención, pues su mente estaba fija en el misterio que lo envolvía.

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Re: El Legado del Relámpago Negro

Mensaje por sebasraos el Dom Mayo 05, 2013 4:31 pm

Capítulo 2
Reliquia
Luego de varias horas de recorrido la máquina voladora se hallaba sobrevolando la isla Milo, que no era nada más que una pequeña isla volcánica en medio del mar Egeo, de lejos se veía que tenia muy pocos habitantes comparada con las grandes urbes modernas, y luego de buscar donde aterrizar pidiendo los permisos respectivos, tuvieron la aprobación para descender en el helipuerto de la capital de la isla la cual compartía el nombre de la isla, estando situada al norte de la misma y en la bahía del mismo nombre, ocasionando que Sebas pensara que sus habitantes, llamados Parios, eran de poca creatividad para los nombres y un tanto ilógicos ya que su gentilicio no era para nada relacionable con el nombre de la isla.
Una vez descendió del helicóptero su transportador puso en marcha nuevamente aquella máquina elevándose y saliendo de aquella isla, creando fuertes corrientes de aire que alborotaron la larga cabellera del joven mientras caminaba a largos pasos alejándose de la zona de aterrizaje y despegue alejándose de la isla luego de dejar cumplido el trabajo para el cual había sido contratado.
Una vez fuera del aeropuerto, y en las calles de la ciudad, Sebas comenzó a indagar un poco con los habitantes, pero obviamente y como lo suponía no era una táctica efectiva para conseguir un transporte, así que devolviéndose sobre sus pasos, comenzó a buscar dentro del aeropuerto alguna agencia de viajes o de turismo en la ciudad, pues tratándose de una ciudad con ruinas y construcciones de una de las civilizaciones más antiguas e importantes de la humanidad, debía existir algún tipo de soporte turístico, además lo único que sabía de su objetivo era que se hallaba ubicado al oeste de la isla, mientras él actualmente se hallaba al norte.
Rápidamente descubrió que las ruinas que buscaba eran conocidas como las ruinas de Filakopi, y luego de pactar el viaje hasta el lugar partió rumbo a aquel sitio al cual llegaron rápidamente pues la isla Milo es bastante pequeña, de hecho pudo haber realizado el recorrido a pie hasta aquel lugar, y literalmente se hallaban al lado oeste de la isla, al borde de un gran acantilado de piedras afiladas, el terreno era bastante árido, y mientras el guía trataba de explicarle los orígenes de aquellas ruinas las cuales se remontaban hasta alrededor de los cinco mil años de antigüedad, Sebas buscaba la ubicación del Megaron el cual se trataba simple y llanamente de un gran salón usado en los grandes palacios.
Cuando el guía le enseñó lo que quedaba de la antigua estructura, Sebas procedió a deshacerse de él, indicándole que ya no lo necesitaba y que podía irse, despertando en él nativo una sensación extraña e intentó persuadir al joven albiazul con amenazas de denunciarlo ante las autoridades y acusarlo de robo a propiedades patrimoniales de la isla, provocando simplemente el efecto contrario en el joven, quien tomando al guía de los hombros, lo miró fijamente a los ojos, sus orbes rojizas tomaron una tonalidad brillante y atemorizadora aplicándole la Restricción e infundiéndole de esta manera una inmensa sensación de miedo y horror como si se encontrase a punto de morir si se atrevía a hacer tal acto; Sebas lo soltó y el sujeto corrió de regreso a su vehículo perdiéndose entre una nube de polvo y arena.
Una vez se encontró a solas, comenzó a buscar algo que lo guiara a la parte subterránea del lugar, aunque extrañamente no veía ningún rastro de los encapuchados como los de su visión, aunque era difícil saber si la visión era del presente o alguna imagen del pasado distante, aunque muy probablemente se trataba de lo segundo. Finalmente halló una especie de baldosa floja, la cual le pareció algo extraña teniendo en cuanta las excavaciones llevadas a cabo en las ruinas, aun así levantó la losa de piedra volcánica descubriendo la entrada a un túnel, oscura y sin rastro alguno de iluminación desde un tiempo indeterminado, buscó entonces entre las cosas que había traído consigo una linterna y se introdujo en aquel lugar.
Los pasadizos eran oscuros, secos, estrechos y sin rastro alguno de vida, excepto grandes cantidades de telarañas. Sebas avanzaba a pasos largos por aquel sendero, sintiendo que de alguna manera iba bajando cada vez, y finalmente llegó a una bifurcación en su camino, iluminó ambas rutas pero no tenía dudas al respecto, era como si conociera el lugar desde toda su vida, así que tomo el que lo llevaba a la izquierda, y esta vez mientras caminaba comenzó a notar como el camino se ensanchaba un poco permitiéndole andar con más libertad, las telarañas empezaron a disminuir pero el aire se hacía denso y seco, como si estuviera extrayendo el oxígeno de la arena misma, y pronto vio un grabado en una de las paredes, se trataba de una extraña figura humanoide de al menos un centenar de brazos y una gran cantidad de cabezas la cual Sebas reconoció al instante como un hecatónquiro, probablemente Briareo sosteniendo una violenta batalla contra dos seres, dos figuras con forma humana que protegían a una tercera, estos seguramente eran Pontos el Océano y Urano el Cielo defendiendo a Gaia la Tierra. Extrañado, continuó por el sendero de su mapa mental, hasta que finalmente llegó al gigantesco portón de su visión, y tras atravesarlo se vio en una gran sala redonda con apariencia de haber estado finamente decorada en la antigüedad, en el suelo tenía un grabado representando el derrocamiento de Urano a manos de su hijo Cronos cuyo torso en el grabado se hallaba unido al pórtico que acababa de atravesar, y a su alrededor había otras once entradas de las cuales debía elegir una, solo que a partir de ese punto la visión ya no le era de utilidad.
Fastidiado por este hecho pensó que tal vez no quedaba nada más que pudiera hacer, a menos que tuviera que elegir uno de los once senderos que tenía en frente suyo, pero no tenia la mas mínima idea de cual debía tomar, y sin percatarse de lo que hacía metió instintivamente la mano libre en su bolsillos en señal de desánimo encontrando en él la cadena que recibió del indigente, y por reflejo la extrajo de su pantalón, pues aunque recordó que también tenía consigo la carta, el contenido de esta se lo sabía de memoria, y era debido a ella que ahora se encontraba en ese lugar.
Observó el brillante y oscuro metal, se sentía tibio al tenerlo consigo dentro de su bolsillo, pero seguía siendo una cadena de metal oscuro común y corriente, tomándola por un extremo entre sus dedos la acercó a su rostro dejando que colgase en el aire, a la luz de la linterna que sostenía en su otra mano emitía unos débiles reflejos, pues absorbía la mayor parte de la luz que recibía, sin embargo al iluminarla le pareció ver son el rabillo de su ojo un destello al fondo de uno de los once pasadizos que se extendían desde aquella habitación, pero al dirigir la linterna hacia el, este desapareció, intrigándole bastante, e iluminando de nuevo la cadena con la mirada fija en el lugar donde había visto el reflejo, observó como éste reaparecía al iluminar la cadena, creando un extraño e inexplicable fenómeno de refracción de la luz.
Decidido a tomar ese camino, comenzó a avanzar por el corredor que se extendía más allá del pórtico elegido, los grabados en las paredes ya no representaban ningún tipo de batalla mitológica épica, solamente eran cientos de manos en relieve y la sensación que su linterna iluminaba cada vez menos, como si aquel lugar se devorase la luz que esta emanaba, y mientras avanzaba mantenía con fuerza la cadena sostenida en su mano, y finalmente llegó al final de corredor, el cual trató de recorrer con la iluminación que le proporcionaba la linterna pero era prácticamente inútil, todo lo que veía eran débiles marcas que parecían representar relámpagos en medio de aquel oscuro sitio así que decidió intentar algo.
Y tomando la cadena en la palma de su mano, la iluminó con la linterna causando una reacción luminosa en todos los grabados de aquella pared, los cuales como relámpagos iluminaban algo parecido a la estrella polar representada como una gran piedra de cristal oscuro clavada en la pared del lugar y ornamentada como una especie de artefacto desprendible de aquella pared, Sebas se preguntó si era esa piedra por lo que había venido hasta este lugar y qué significado tenían todos esos desafíos a su inteligencia, pero tal vez aún le faltaba bastante por encontrar la respuesta, así que la tomó despegándola de la pared con cuidado, esperando algún tipo de trampa, pero al no sentir ningún peligro decidió regresar por el camino que había venido, pues no encontró nada más que luciera importante en aquel lugar.

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