PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

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PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por ladylizz504 el Miér Mayo 02, 2012 12:49 pm

En algún paraje del Erebo

Primera Parte

Un suave viento, parecido a una brisa de verano, recorre de manera extraña aquel lugar de sufrimiento dentro del Erebo. El Tártaro se ha convertido en su residencia y es allí donde sigue llenando sin queja alguna las amarillentas páginas de su diario. No gusta de pasearse por los hermosos campos o buscar los parajes de mejor ver dentro de ese mundo, no, ella no… ella gusta de pasar su soledad en lo más tormentoso.

La espectro dormita recostada sobre su especie de silla improvisada de roca. Se ha removido la parte superior de su armadura así como su casco. Es claro que ha pasado por un enfrentamiento con un intruso que la ha dejado agotada y herida. A pesar de ello, Lizz hizo acopio de sus fuerzas para sanar su cuerpo lo mejor que pudo antes de caer en ese profundo sueño.
De su mano derecha que lánguida cuelga por fuera de su duro sitio de descanso, se han ido deslizando las cientos de hojas de papel de su diario tal como lo hacen las lagrimas que ruedan por sus mejillas guindo abajo a su inevitable choque contra la camiseta corta que porta la espectro, mientras que en su mano izquierda aferra con suma fuerza la pluma fuente de plata con la que hubiera tenido la intención de escribir.
Ella sueña, recuerda y revive en ese su intranquilo descanso. Lizz hubo contemplado de nuevo los renglones escritos que como afiladas cuchillas que rozan contra su piel, le hacen sentir de nuevo el dolor de aquello que enterró en lo más recóndito de su ser para que nunca nadie tocara e intentara robar sus momentos, su vida y sus padecimientos. Si se está solo, no hay peligro, es muy cierto, aunque tampoco hay dicha o amor.

Para Lizz si hubo amor, si hubo dicha pero ahora la soledad le ayuda a mantener aquello intocable, puro e inmaculado. La espectro ha erigido una coraza contra el desgaste del tiempo y mientras sueña y recuerda alguien muere, alguien es,en las frías e inclementes tierras de Asgard, señalado por una de las Eres que recorren el mundo humano para luego ser visitado por Tánatos el cual le anuncia su irremediable e impostergable viaje al Erebo. Ese alguien es un alma bien conocida por Lizz y que no sospecha que su gemela esté custodiando una de las fosas del Malebolge. Atrás hubiere quedado la trampa impuesta por uno de los tantos espectros del inframundo. Aquel cuya estrella era otra, una de igual poder pero quizá más mortífera y, que de su poder proviene la leyenda del canto de la mandrágora.
Esa alma, que no merece castigo alguno sigue soñando a su gemela mientras muere, tal cual cuando la inocencia le cubría y que con amor compartían aire, beso y lecho antes de perderse en el tiempo sin causa lógica y que sin dejar de lado la esperanza, año tras año esperó su regreso sumiéndose en una igual soledad que la de la espectro. Aquel risco fuera su única compañía día tras día al atardecer. Un fiel testigo del último suspiro de aquella a quien amó más que a su vida.

Se comienza así, leyendo de aquellas páginas, la amarga espera de Lizz y la satisfacción de la curiosidad del Dios Hades quien con páginas en mano se sienta a un lado de su leal seguidora con la intención de al final conocer porqué aquella tarde al borde de la muerte, Lizz se aferró a él con tanta vehemencia y convicción, despertando una extraña sensación en él, el amo del Erebo.
Hades esboza una leve sonrisa al leer tan sólo la primera, la cual detalla en letras hermosamente dibujadas la frase “Porque la soledad es amante del olvido.”

Página 1

“Yo tan sólo dije que no quería asistir a una más de las cacerías de mi padre. Me resulta tan trágico para mi prodigiosa y melancólica vida que se me castigue por no querer matar a un ser hermoso, vigoroso e inocente sólo por el placer puro de un grupo de sádicos y violentos hombres y sus petulantes hijos. A ellos si con gusto me los desgasto a golpes en los entrenamientos, pero eso es otro tema. Eso y que no deseo conocer al tan afamado y bien mencionado Soria. Su sola existencia perturba mi equilibrio cósmico.
No sé que tiene mi padre en mente en lo que respecta a ese chico. Ni sé quien diantres es y mucho menos me interesa. Además entre mis clases, mi entrenamiento y mis encuentros con Gabriel, dudo mucho tener tiempo para “amistar” con el tal Soria.
Gabriel… si. Por él si doy gracias el haber regresado a mi verdadero hogar Asgard. Vaya fino ejemplar del bello arte de la creación. A ese si me lo…. Bueno ya sabes diario, esos pensamientos me los quedo para mi sola.
Hoy tuve combate uno contra uno con él y la verdad no me importó jugar a ser una de esas chicas que se ven débiles y que se lastiman el tobillo con tal que me cargara en sus fornidos brazos y sentir el calor de su cuerpo mientras me carga. Aunque todo iba bien hasta que mi padre dijo que fuera el idiota de Soria quien me llevara a la enfermería.
¡Tosco y bruto me cargó como saco de papas sobre su hombro! Luego me aventó a la cama como tal. Se sacudió las manos y encima me dijo con una sonrisa burlona en su estúpida cara.
- Tú tienes de doncella lastimada y sufrida lo que yo de bailarina de ballet, vaya manera de ligarte a un chico. Eres patética Lizz Todos sabemos que eres como una enorme bestia a la cual hay que temerle su embestida.-
¡Ugh! ¡Deseo que uno de estos días se abra la tierra por debajo de sus pies y se lo trague para nunca más volverlo a ver!
Para ponerle punto final a mi día, mi padre anuncia el estúpido día de cacería al cual si no faltaré y en el cual tendré como compañero al pan dundo de Soria. Aish, no es más que un gran desperdicio de buenas facciones y músculos. Aunque nadie se espera lo que ocurrirá mañana con el pobre Soria. Creo que después de mañana, no querrá tenerme cerca nunca más.”


El amo del Erebo encuentra en aquella primera página el comienzo de lo que parece ser un relato de adolescente efervescente y lleno de vida, pero la manera en cómo su tedio y su curiosidad le juegan la vuelta, decide que no se puede juzgar con tan sólo tan corto comienzo así que, al igual que la portada, pone aquella primera página de relatos por debajo de una copa de fino cristal la cual se ve completamente llena de deliciosos y coloridos ositos de goma. Acto seguido toma uno y lo introduce en su boca para luego tornar su atención a la siguiente página.

Lo que sigue es un breve relato de cómo Lizz es forzada fuera de su casa para unirse al grupo de cacería liderado por su padre. Los métodos utilizados para persuadir a la joven espectro fueron un poco convencionales pero de muy buena inventiva por parte de su progenitor; plan que extrañamente involucraba una flor, específicamente una mandrágora,algo que aquel fornido guerrero de antaño no sospecha haría más daño que beneficio para su hija y para él, despertando fantasmas del pasado que se creían olvidados, pues en sus recuerdos hay un cofre escondido y cerrado. Extrañamente el grito emitido por la flor al ser arrancada no le afecta al antiguo guerrero, al contrario se le presenta a éste como un dulce aroma que invita a seguir con sus malas intenciones como el susurro de un demonio al oído. Eran flores ajenas a esas tierras que sin explicación alguna han aparecido.
Junto a la flor un falso mensaje a Lizz, dejándole la vaga esperanza a la joven de encontrarse con su adorado Gabriel en la soledad y oscuridad de la noche en aquel recóndito paraje dentro de las tierras de la familia. Caso que nunca se dio, sino que tres días de aburridos sucesos sin sentido alguno
.
El amo del Erebo deja escapar un bostezo largo y que se asemeja al estupor extraño que aún deja a Lizz en un sueño profundo sin que se dé cuenta de la lectura que llevan de su vida. Le está resultando todo aquello muy aburrido hasta que de repente al saltarse unas cuantas páginas descubre una con una muy interesante frase de comienzo…“Dulce llamado de quien sé, es mi amo y señor.”

Página 18

“Su herida era profunda y mi temor porque fuera llamado por la muerte crecía segundo por segundo. Idea estúpida la mía al convencerlo de que me acompañase a indagar al forastero que llegó ayer a Asgard; pero yo no sabía a quien más recurrir puesto que desde que esas flores aparecieran en mi casa y que poblara el muro de mi habitación como la mala hierba a mi vida, todo se ha puesto de cabeza. Mi padre desesperado ha hecho mil y una cosas para erradicarlas sin éxito alguno y extrañamente luego de unos días se ha tornado al cuidado meticuloso de ellas. Su mirada ya no es la misma, ahora no es dulce, compasiva y sabia. En cambio, ahora es dura y rencorosa llena de una oscuridad que jamás había visto en mi vida.
Pesadillas vienen y pesadillas van y en ellas, aquella voz que no cesa de visitarme y me asusta la idea que ronda mi corazón. Las palabras de ese forastero que nos encontramos camino al pueblo, maldicen mi existencia.

-Cegarás la vida de tu amo por encima de la de tu amor eterno, sirviente del señor del erebo es tu destino y morirás traicionándolo y en la penumbra de tu estrella, el que sueñas todas las noches un beso de muerte ha de darte. La punta del árbol de tu casa fue y seguirá siendo retorcida aún si la memoria de aquello que fue haya sido oculta.-

La manera en cómo me señaló y su mirada amenazadora, me dejaron totalmente fría y sin saber que hacer o decir. No supe más que huir de ese lugar a toda prisa halada de la mano por Soria y procurando no ver hacia atrás. Su rostro se asemeja a alguien conocido, una hombre que alguna vez fue hermoso, joven y lleno de vida pero que ahora parece un ser sin saber el sentido de su existencia.
¿Cómo podría yo hacer aquello? No entiendo absolutamente nada de esas palabras. ¡No puedo confiar en las palabras de un viejo loco!
No soy capaz ni de matar una liebre aunque me muriera de hambre en medio de la nada. Ahora Soria, mi adorado Soria se me escapa entre los dedos como el agua del manantial. Me ordenó silencio y eso es lo que hago mientras las miradas acusadoras de todos caen sobre mí. No vi nada, ni se nada. Tan sólo lo encontré al pie de mi ventana herido y medio muerto. En su costado derecho encajada una daga en cuyo mando está tallada una A y una E junto con una mandrágora. Antes de caer en su extraño sueño alcanzó a mencionar el nombre de mi padre. ¿Acaso ha sido él, el culpable de esta desgracia?
Las imágenes en sueño de un lugar donde los muertos me rodean y me hacen sentir en casa me hace estremecer.Ante mi una figura alta, fornida de ropas ricas y finas pero sin rostro. Que con una dulce voz intenta ofrecerme lo que mi corazón desea. Muy dentro de mí, sé y siento que ese hombre de dulce voz es mi señor. A sus pies un extraño ataviado de metal oscuro con unaflor que pareciera florecer en su espalda y en su pálida mano una de esas flores. Su aroma me resulta familiar de alguna manera más no lo logro ubicar.
Maldigo a esa flor… ¡maldigo la maldita mandrágora!”



Una página tras otra es leída y puesta junto a las demás, mientras los ojos de ese señor recorren los renglones que van surcando con más detalle las fibras del papel. Muchas son las dudas de la joven en aquella época pero que al cabo de muchos meses se vuelven de extraña canción. Su comportamiento cambia y su manera de pensar también. La oscuridad es notable ya dentro de ella mientras en esas páginas cesa la búsqueda por la verdad de aquellas extrañas flores que un día aparecieron floreciendo como en el paraíso en el muro de su habitación. A pesar del frío inclemente, esas flores seguían viviendo y floreciendo, y su hogar cambia junto con el árbol ancestral en el centro de su jardín, cuya punta ahora se nota retorcida y deformada tal cual el aura de aquel que lo plantara… el antiguo guerrero.
Al seguir rebuscando algo más interesante entre las páginas del diario de Lizz, el Dios Hades se topa con una especie de pergamino redoblado muy cuidadosamente y pareciera como si nunca hubiese sido abierto. En una de las esquinas apenas se puede leer un pequeño mensaje para el receptor.
- “Dícese de Ádafosel Errante”.-

La curiosidad se alza dentro del dios de la muerte. La conexión entre ese sujeto, la flory la espectro es intrigante. Sin embargo, la pregunta del por qué Lizz no ha abierto ese pergamino es inusual. Se sabe que los espectros de alguna manera u otra le temen a algo. ¿Acaso Lizz le teme a ese tal Ádafos el Errante?
El amo y señor del Erebo abre y desdobla con suma paciencia aquel pergamino que de una asoma a los ojos de su actual lector, ser de suma antigüedad. En hebreo es su escritura en la cual relata una historia.

Dícese de Ádafos el Errante
"Su triste padecer es relatado de boca en boca desde que sucedió. Su condena es vagar por la tierra purgando la eterna pena. Su alma aún es humana y padece lo que los humanos, sufre, llora, odia y también ama.
Muchos dicen que su alma vio por primera vez a través de los ojos de un hermoso niño hijo del consejero del gobernante de una de las tantas ciudades en Grecia. Nacido bajo la estrella de Casiopea, su hermosura era sin igual y su corazón desbordaba amor, ternura y sabiduría de una manera muy extraña. Su futuro era en verdad prometedor y en pocos años se tornó en el orgullo de su padre y ocupó el primer lugar entre los once hermanos de esa noble casa, acaparando también la simpatía del gobernante.Sin embargo, como toda alma pura, Ádafos, pues ese era su nombre, era rondado en las horas de ultratumba, por demonios cuyo objetivo era tentar sin cesar ni resquemor, aquella dulce y noble alma.Así lo hicieron por un total de 18 años hasta que aquel niño pasó a ser un hombre. En ese tiempo la voz llegó a los oídos de Zeus quien comenzó a proteger a Ádafos rodeándolo de sus hermosas Grayas y Ninfas. Era extraño que un alma como aquella existiera sin mancha alguna en el mundo de los humanos. Zeus temía que ello llamara la atención de su hermano Hades y por ello envió a su mensajero Hermes para que raptara a Ádafos y lo trajera ante él.
Sin embargo Zeus no se percata que una Maniai llamada Mrya, vagabunda del Erebo y diosa de la locura y frenesí, ha caído enamorada de Ádofos y que lo ronda noche y día buscando la oportunidad de raptarlo. Para no verlo sufrir y mucho menos padecer su rechazo, todas las noches le habla al oído palabras del sueño de Narciso y de su obsesión sobre ella haciéndolo verse más y más a sí mismo como el merecedor del mundo y loco enamorado de Mrya. Así en el momento en que Hermes se lleva a Ádofos, Mrya no se entromete dejándolo todo al destino de su canto nocturno de 300 noches. Para cuando Zeus tiene en sus manos al joven éste espeta tan solo palabras de gloria para sí sin remilgo alguno ni alabanza para el padre de los Dioses y del Hombre. Era claro que ya Ádofos había perdido todo aquello cuanto a Zeus le interesara y encima ahora se pensara de sí mismo mejor que él. Poniendo a prueba al muchacho le concede una noche en su recinto. Ádofos en son de demostrarle a Zeus su superioridad viola a una de sus hijas musas a plena vista.Aquello enfureció a Zeus y condenó a Ádofos a obtener cuanto quisiera en su eterna vida en el mundo humano, naciendo una y otra vez para luego perderlo sin remedio alguno, a amar como nadie ama para luego sufrir el peor desamor posible, a ser feliz más allá de los sueños de cualquier humano para luego padecer una tristeza que lo llevara al borde de la locura, a morir para luego renacer recordando su interminable historia y eternos sufrimientos y sobre todo a que su nombre siempre fuera recordado en la gloria y olvidado en la desgracia.
Mrya obtuvo a Ádofos pero fue tan sólo por una noche de amor que se acabó en el momento en que él perdiera el amor y se sintiera desdichado a tal punto del suicidio cumpliendo así uno de los tantos ciclos renaciendo en el mundo humano perdido a los ojos de la diosa.
Ádofos se convirtió en el Errante conocido por muchos nombres mientras brillara más que el sol mismo tan sólo para luego ser olvidado después de su caída.
Se dice que se le puede ver como aquel que nadie conoce ni sabe su procedencia luego de centurias, cansado de obtenerlo y perderlo todo. Siglos han pasado desde su última muerte. Su corazón se ha vuelto amargo y busca maneras de vengarse de alguna manera de la humanidad y sobre todo de Zeus.”



Para sorpresa de Hades al culminar su lectura de aquel pergamino, éste se dobla perfectamente al mismo estado en que lo hubiera encontrado. Era extraño. Jamás escuchó o supo de semejante ser condenado por su hermano. Su curiosidad crecía más y más pues había algo mucho más allá de lo obvio. Algo que no se le hacía de buena fortuna para el.

Mientras tanto, un alma es llevada por Tánatos al Erebo donde espera juicio por sus acciones pasadas, pero tan noble y hermosa es la lengua de esa alma que logra burlar al anunciante de su muerte desapareciendo de su vista y vagando por el Erebo en busca de un alma que añora ver. Tánatos se enfurece pues no hay peor cosa para el que ser visto como un tonto y despliega a aquellos bajo su mando en busca de esa alma…Busca al que en vida se le conociera con el nombre de Soria.

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por Midgardo el Miér Mayo 02, 2012 1:11 pm

Correcto, puntos ganados y sumados.

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por ladylizz504 el Dom Mayo 20, 2012 8:44 pm

Segunda Parte

Hades toma una página más, posando sus ojos con más atención que antes. El silencio se lleva el protagónico en ese momento, mientras la respiración de Lizz es calma y constante. La historia continua en aquellas páginas cuyas palabras describen aguas que se vuelven más turbias.

Página 24
“Mucho ha pasado en poco tiempo, tanto así que no he podido ni siquiera escribir en estas páginas, mis fieles amigas y confidentes.
Soria se recuperó y todo aparentemente volvió a lo de antes como si nada hubiera pasado, al menos eso pensé. Aquel extraño fue visto abandonando Asgard y no se ha vuelto a saber nada de él. Aún tengo muchas dudas y temores pero nada gano con seguir dándole vueltas al mismo asunto sin obtener soluciones.
Sin embargo, en el ambiente se siente algo extraño, cómo si un secreto a voces habitara en las lenguas de todos y las quemara para llegar a oídos de todos. Además de ello, el convenio entre la familia Megrez y la Familia Daruk ha sido cancelado. El compromiso con Soria ha sido borrado, su padre, cabeza de la Familia Daruk, hizo énfasis en que su hijo no debe mantener relación alguna conmigo.
No comprendo, primero era que mi padre intentaba meterme a Soria entre ceja y ceja, y ahora, debo olvidarlo. Ahora que lo quiero, que lo veo como aquel que es mi vida. Ni él ni yo estamos ahora dispuestos a acatar lo que las familias dicten y las madres están de acuerdo con ello. Eso nos hace felices.
Así que en los entrenamientos nos mantenemos lejos el uno del otro, no nos dirigimos la palabra y tampoco se nos coloca juntos por órdenes estrictas de mi padre. Yo sólo me limito a observarlo desde la distancia. Soria es maravilloso, es más fuerte que yo y es claro aspirante a una de las armaduras de Asgard. Ambos despuntamos entre el grupo, eso creo que nos traerá problemas y nuestro maestro lo sabe.
Otro suceso extraño fue una conversación que logré escuchar entre mi madre y mi padre hace dos noches. Eran casi las tres de la mañana y para desgracia mía, mi estómago ardía como el fuego del infierno gracias a una locura de comer un platillo extraño en una de las casas de mis amigos. Fui entonces en busca de la sabiduría de mi madre. Al llegar a la habitación de mis padres la puerta estaba entre abierta y al acercarme me di cuenta que ambos charlaban, estaba a punto de marcharme para dejarlos cuando escuché mi nombre. Lo que a continuación logré escuchar me ha dejado muy destrozada. Mi madre, o la mujer que me han dicho es mi madre… su voz estaba llena de una tristeza que nunca había escuchado.
“Amelia cada día se parece más a su madre. Harún… ¿No crees que sería ya sabio platicar con ella sobre sus historia? Antes de que decida su destino como amazona. La he visto en los entrenamientos y torneos y no falta poco para que lo logre. Es cierto que tiene tan solo 17 años pero sabrá entender.”
Me asomé por el quicio de la puerta y las lágrimas rodaban por las mejillas de mi madre mientras mi padre la tomaba con fuerza de los brazos y la sacudía con algo de fuerza. Su voz llena de ira y dolor.
“¡Jamás bosticaré palabra alguna sobre esa malvada mujer!... Con su muerte maté el pasado. Si lo dices por esas mandrágoras, es solo una simple planta por la que no volveré a caer en su embrujo de nuevo. Dos veces es más que suficiente.
Sé que mi pecado y traición merecen un eterno castigo y que lo que te hice sufrir con mi hombría estúpida no tiene perdón de los dioses. Me castigaste haciéndome buscarla por todo el mundo y lo acepté porque comprendí tu dolor, pero has llegado a amarla como hija tuya. No tires todo por la borda por tu estúpida manía de querer que todo se sepa. Amelia está bien así como está y será una amazona de Asgard, portará el manto de Megrez Delta como yo lo hice en el pasado.”
Mi madre, se le quedó viendo por unos momentos en silencio. Ya no lloraba, sus ojos se llenaron de frialdad.
“Harún, ella la buscará. Sus flores son clara señal de que la ronda. Ha regresado con la bendición del Dios del Erebo. Entiéndelo. Envió a su emisario y casi le cuesta la vida al pobre de Soria. Es mejor que se sepa la verdad. La muerte ronda nuestras tierras ahora más que nunca y sólo por tu terquedad. Entiéndelo.”
Mi padre la soltó casi lanzándola contra la cama. Su cabello ondeó y terminó cubriendo el rostro de esa mujer que pensé era mi madre. Mi padre se puso de pie y caminó hacia la puerta. Me aparte sin que él me lograra ver. Antes de él cerrarla, respondió a esas palabras.
“No dejaré que la alcance. Amelia se irá lejos de aquí. A su entrenamiento. Ya está decidido. Así que esto es el fin de este tema y espero nunca lo vuelvas a tocar o que mucho menos se te ocurra decirle algo a Amelia. Tu bien me conoces mujer.”
La puerta se cerró y ya no pude seguir escuchando nada. Aunque no importa. Luego de saber aquello no quiero saber nada más. Sólo quiero irme lejos. A este paso no sé ya ni quién soy. Lo mejor será hacer caso de las palabras de Soria e irnos lejos de aquí donde nadie pueda encontrarnos. ”


El amo del Erebo ahora comprende más de lo relatado en las páginas anteriores. Se hubiera pensado que el lazo entre la oscuridad y Lizz era su padre pero ahora estaba más que claro. La madre de Lizz era aquella que pertenece a sus filas. Una legendaria guerrera que rebelde vaga por doquier sin tomar el mandato salvo cuando escucha la voz del mismo Hades y es por ello que la deja ser. Iliabeth de Alraune, su desaparecida estrella celeste del mal. Una mujer de mente retorcida pero corazón enigmático. Ahora cae en cuenta la familiaridad que Lizz siempre le ha despertado. De alguna manera ahora al verla, al pasar sus manos por sobre el rostro de la durmiente espectro, reconoce el vivo retrato de Lizz para con su madre.
Ahora Hades necesita saber en qué culmina toda esa historia novelesca y sobre todo el papel y quizá el paradero de Ádofos el Errante y su relación con Iliabeth. Es bueno no confiar ni de su sombra misma.

Mientras tanto en el Río Estigia o más conocido como La Ciénaga del Estigia….

Soria detiene su carrera a las cercanías de una ciénaga. No sabe cuánto tiempo lleva en franca huida pero se las ha ingeniado para llegar hasta la cuarta prisión. No divisa balsa o embarcación por ningún lado y decide tomar refugio tras una enorme pila de rocas amontonadas una sobre otra que han sido puestas con algún extraño y olvidado propósito. Necesita unos momentos de calma para poder pensar cómo y en donde comenzar su búsqueda de la que conociera como su amada Amelia. Ese era su único propósito, aunque mucho le dijese la historia que ello era casi imposible.

Soria estaba asomado entre las rocas divisando los alrededores pero descuidando su derredor. Sin él sospecharlo, un espectro aparece a sus espaldas. Aquel bajo la estrella celeste del crimen, Moga de Licaón.
“Eeeeeeh pero ¿qué es lo que tenemos aquí? Un curioso, un perdido o un mirón. Igual debes regresar a donde debes ir. ¿Sabes donde debes ir?”

Soria se dio media vuelta con los ojos abiertos a todo su esplendor. Se queda quieto por completo con cara de total inocencia y negando con su cabeza el saber de la respuesta. Cierras sus puños como quien toma la determinación de luchar, pues no ha pasado tanto tiempo y tanto sufrir como para dejar que todo termine ahora. El joven se pone de pie y se enfrenta al espectro esperando lo que le viene.

“Tu actitud me dice que no eres lo que pensé. ¿Eres el chico que se anda buscando por todos lados?... Es mi tarde de suerte.”

Muchos minutos de silencio se hacen presentes y ambos no intentan terminar con ello. De repente, Moga no hace más que tomar asiento en la húmeda tierra de ese lugar cruzando sus piernas. Llena sus pulmones con el aire viciado, cosa que ya le es familiar y no parece afectarle tanto como a Soria quien lucha por soportar la pesadez del lugar.

El espectro paciente y de alguna manera curiosa trepita entre sus pensamientos mientras con el dedo índice de una de sus manos masajea de forma circular su sien.
“Lo curioso de todo este asunto chico perdido, es que nuestro señor Hades no ha dado señal de estar interesado en tu asunto. Cosa que a mí en realidad no me es conveniente y que entre otras cosas, es mi día libre. Creo que el de la suerte entonces eres tú… Anda y toma asiento y charlemos un largo rato. Como verás aquí no hay muchos que puedan charlar conmigo. Sólo se ocupan de gritarse unos con otros y pedirse ayuda. Eso se torna realmente aburrido luego de cierto tiempo.”

Soria termina confundido y sin querer entrar en contradicciones que puedan desencadenar una muy corta historia con un final desdichado y trágico para él Decide tomar asiento de la misma manera que lo ha hecho Moga.
“Discúlpeme, pero pensé que me atacaría o apresaría cuando menos. No lo comprendo. ¿Quién es usted?”

Moga reposa su barbilla sobre la palma de su mano. Luego bosteza largo y tendido, estira sus brazos con fuerza por sobre su cabeza haciendo crujir los huesos de su espalda para por último, mostrarle todos sus dientes chuecos y amarillentos a Soria en una sonrisa retorcida y llena de mala intención.

“¿Quién soy yo? ¡JA! Yo soy Moga de Licaón, estrella celeste del crimen, barquero de la Ciénaga de Estigia. No tienes nada que comprender chico. Aunque si no me quitas el aburrimiento con algún buen relato no tengas duda que te regresaré donde se supone debes estar. Algo me dice que te traes encima una de esas historias románticas y que terminan en tragedia. Algo estúpido en resumidas cuentas, por lo que haces esto mismo que haces… Una estupidez.”

El tono de Moga era de puro sarcasmo, sin embargo, significaba para Soria la oportunidad de poder saber de manera arriesgada, claro está, lo que debe hacer y hacia donde debe ir si es que sale libre de esta situación. Ansiaba encontrar a Amelia o al menso saber donde se encuentra.
El chico inhala y exhala a manera de calmar su corazón que galopa como manada de caballos salvajes desbocados, cierra sus ojos y en su mente aparece el rostro inocente, hermoso y sonriente de Amelia. Con los ojos aun cerrados, Soria comienza su relato.
“Lo más hermoso en ella son sus ojos. Con ellos se llega a sentir la brisa del verano en el jardín del paraíso. Su nombre era Amelia y nuestra desgracia llegó en forma de un hombre inmortal, uno que se llama Ádofos el Errante. Un hombre con el corazón de piedra que busca la desgracia de su señor.”

Soria sabía que aquello último dicho por sus labios captaría la atención de Moga, y en efecto así fue. El espectro se quedó en actitud de espera.

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por Midgardo el Mar Mayo 22, 2012 12:58 am

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por ladylizz504 el Jue Ago 16, 2012 1:41 am

Tercera Parte

Ya ha tenido suficiente. El tiempo le es indiferente así que saborea lo que sus ojos acaban de entender. Lizz se encuentra a merced del señor del Erebo, tan dulce e indefensa como una doncella que dormita en espera de su príncipe azul. Hades se ha levantado. Su alta y estoica figura parece deslizarse por los aires sin esfuerzo alguno al tiempo que de pie frente a la espectro se inclina para con su pálida y tersa mano acariciar la mejilla de la durmiente. Una sonrisa de placer perverso se dibuja en su rostro. Ese inusual momento se ve interrumpido por la voz de una vieja canción que resuena en el eco de la soledad de ese lugar.

“Era extraño que aún su belleza no hubiere atraído el lado perverso del señor Hades dios del Inframundo. Oh mi señor por favor deténgase. ¿Qué no ve que esa es mi inocente hija a la cual usted tan maliciosamente intenta seducir?”

El amo del Erebo levanta la mirada para ver con sus hermosos y cristalinos ojos la espectro que ahora se para frente a él. Iliabeth de Alraune.
Un silencio traído por el viento frío y desolador del inframundo congela la respiración de ambos quienes ahora ven calladamente a Lizz dormir. Aquella mujer que se presenta frente a su señor no pareciera haber sufrido el paso del tiempo pues su belleza era tal cual la misma como el día que le rindiera pleitesía al dios que tiene frente a ella y junto a su hija. Cabellera negra como el azabache, piel blanca como la luna, labios rojos y ojos de color violeta. En su mirada se puede ver un vacío donde antes hubiera una chispa de vida y gracia. El amo del Erebo da un paso en su dirección.

“Mi querida Iliabeth. Mi eterna rebelde. Desafías a tu amo y señor al llegar. No existe cosa en éste mundo de la muerte que no caiga ante mí y llene el deseo de mí ser. Si deseo a tu hija tu deber es ponerla en una charola y ofrecerla a mí.”

En la lejanía de su sueño, Lizz escucha la dulce y familiar voz de Hades y otra que no conoce. Como si estuviera sumida en las profundidades de un lago intentan emerger nadando lenta pero paulatinamente. Una mano femenina acaricia su larga cabellera oscura. Era la mano de su madre quien la observa intentar despertar mientras se enfrenta rebelde como siempre contra aquel que es superior a ella.

“Parí a una guerrera de temple como yo, más no tengo porque ofrecerla a sus pies. Ella sola caerá ante usted mi señor. Aunque existe algo que puede hacer que ella no desee ni que la roce su mirada.”

Era ilógico que Hades dejara que aquellas palabras removieran algún tipo de sentimiento dentro de él. Una mujer más, otra menos no le era de importancia, sin embargo el que le digan que existe algo más poderoso que él y que ello puede hacer que lo innegable se niegue a obedecerle, le remueve algo por dentro.

“Aquello que no admira mi poder, ni se rinde a mi superioridad como el dios que maneja el mundo después de la muerte, no merece de mi atención. Inútil es tu intento, insensata mujer. Años llevo en los que prefiero no aburrirme con tus palabras necias. Vete de una vez al silencio de donde nunca debí dejar que escaparas como tu destino. A mis pies deberías de postrarte en el más absoluto respeto. No me temes pero ahora es el tiempo de que tiembles y mires lo que Hades el Amo y Señor del Erebo contempla para ti.”

Hades toma en sus brazos a Iliabeth. Es un abrazo tierno, suave pero mortal. Su poder la atraviesa como un palillo a un postre de gelatina. El fin de la espectro de Alraune llega a manos del hombre que no la dejó ser feliz. Ella pierde las fuerzas en manos y pies dejándose desplomar en los brazos del dios. Antes de apagarse su existencia alcanza a decirle unas palabras a Hades.

“A eso he venido mi señor. Así expío mis pecados ante sus ojos, pero tenga algo por seguro. Lo que mi lengua y tiempo han desatado, nadie lo ha de detener. Soria es el nombre de aquel por el cual han de matarlo en mi intención, entonces todo aquí se derrumbará y ya nada valdrá la pena. Y aquel que escapa a su poder y vaga en los confines de tiempo alzará su mano en mi nombre borrando su hermosa sonrisa para placer mío. Si es uno o el otro o incluso ambos, no importa. Se acabará todo como usted detuvo mi tiempo hace ya más de 30 años.”

Los ojos de aquella mujer en brazos de Hades mueren tal como el resto de su existencia. La sapuri se separa de ese cuerpo sin vida y desaparece para ir a ocupar su lugar de descanso en espera de aquel que sea digno de portarla y hacerle conocer el placer del servicio al señor del Erebo. Hades lanza a poca distancia el cuerpo de Iliabeth como si descartara una molestia. Justo en ese momento Lizz abre sus ojos y lo primero que ve es la mirada de Hades. Inhala lentamente el aroma de aquel al que juró servir. Sin poderlo evitar ella sonríe.
“Serás el fin de éste tu dios.”

La espectro cambia de expresión por completo al escuchar esas palabras salir de los labios de Hades. Se aleja con un tanto de malestar por lo dicho y niega tal acervo con su cabeza.
“Aún no ha aparecido ante mis ojos y mi corazón aquello que me haga alzar mi pensar y mucho menos mi puño en su contra.”

Hades deja escapar un suspiro disfrazado de sonrisa. – “Aún…”

Lizz no comprende y su corazón da un vuelco al sentir y ver el aura de Hades expandirse sobre sí, una que hace llegar hasta los huesos de la espectro, una intención asesina por parte del dios.
“No comprendo mi señor. ¿He incurrido en alguna falta? Si es así hágalo saber para yo jamás volver a cometer dicho agravio y aceptaré su castigo sin reproche alguno.”

Es así como en ese momento se ve al imponente amo del Erebo frente a frente de la espectro de la estrella celeste de la soledad. La tensión entre ambos aumenta segundo a segundo. El frío viento pasa entre ambos dejando un silencio sepulcral. Lizz instintivamente toma una posición de defensa esperando recibir un castigo por parte de Hades por algo que no tiene idea que pueda ser.

Mientras tanto en el Río Estigia o más conocido como La Ciénaga del Estigia….

Sora pasa saliva por su garganta con algo de dificultad. Los nervios amenazan con cerrar su garganta y entonces su relato de salvación se vería truncado y su muerte inminente. Moga está sentado esperando que prosiga la historia de Soria, sus ojos brillosos y sacudidos de expectación y emoción.

“Ádofos el Errante es un hombre que no muere o si lo hace renace sin pasar por el Erebo recordando el total de su historia o al menos eso fue lo que pudimos descubrir aquella fatídica noche de primavera.
Amelia es mi amada, mi alma gemela. Ella completa mi existencia tanto en la tierra de los vivos como aquí en la de los muertos. Hija de un guerrero de Asgard al igual que yo, crecimos entre entrenamientos y cacerías. Ella logró ser amazona de Megrez Delta mucho más adelante mientras que yo decidí seguir el campo de la política como mi madre luego de ser vencido por ella en la contienda del derecho de ir por la armadura. Desde niños entre ambas de nuestras familias acordaron nuestro compromiso, pero éste fue roto a raíz de una noche en la que fui atacado por un extraño quien intentaba tomar para él a mi dulce Amelia.
Ádofos intentó raptarla y yo me opuse, esa noche en la que dijo que Amelia serviría al dios del Erebo y que le daría muerte por su mano. Aquella profecía que intentaba que nosotros creyéramos asustó mucho a Amelia quien escapó a mí y a Ádofos. La seguimos hasta el bosque amatista, su hogar y territorio. Ella fue acorralada de alguna manera bajo un extraño poder paralizante de Ádofos quien en ese momento al tenerla frente a él indefensa sin poderse mover le habló sobre que debía despertar en ella la oscuridad que al igual que su madre portara. En ese momento sacó una daga extraña pero hermosa, en cuya empuñadura estaban grabadas sus iniciales, y se presta a encajarla en el pecho de Amelia. Yo en cambio, corrí lo más rápido que pude y me interpuse entre ella y Ádofos siendo herido en mi costado gravemente. Lo que siguió no recuerdo puesto que desperté sólo para descubrir que a mí y a mi adorada Amelia nos habían separado, rompiendo nuestro compromiso y tomando la decisión de enviarla lejos a un lugar donde pudiera terminar su entrenamiento.
Nunca nada fue igual entre nosotros pues ella se fue lejos a entrenar mientras yo quedé soportando los castigos y malos tratos de mi padre luego de saber que mi cosmos se tornara incompleto pues algo de oscuridad residía en mi a raíz de la herida provocada por aquella daga.
Muchos meses y mucho esfuerzo fue puesto por cazar a Ádofos quien de manera inexplicable seguía en nuestras tierras pero misteriosamente desaparecía cada que se le intentara apresar.”


Soria tose secamente pues su garganta tiene sed y no posee agua para calmarla, entonces Moga gentilmente muy al contrario de lo que se esperaría de un espectro en el inframundo, le ofrece una vasija con agua fresca la cual Soria bebe con mucha premura. Era extraño pensaba el espectro, que un alma sintiera sed y eso le llevó a pensar que quizá no Soria no es un alma común y corriente y por eso despierta tanto alboroto en todo el Erebo.
Luego de humedecer su garganta Soria respira profundamente varias veces intentando ordenar sus ideas dentro del caos que es su mente en esos momentos. Era extraño que en aquel paraje se viera y sintiera rozar su piel un silencio que pesara más que el odio mismo.

“Una noche luego de meses de haber partido Amelia, Ádofos aparece frente a mí una silenciosa madrugada. En mis ojos era como ver a la desgracia de mi vida andante como si nada hubiera pasado en mi casa y en mi habitación para colmo de males. Mi rabia aflora pero en lugar de amenazar mi vida, ese extraño hombre toma asiento y comienza un relato de una vieja historia de amor y de maldición. Una historia en la que se dejaba ver una maldición planeada por el corazón roto y lleno de odio de una simple mujer cuyo único pecado fue enamorarse de un hombre de corazón libre.”

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por ladylizz504 el Sáb Nov 03, 2012 8:31 pm

Cuarta Parte

Relato de Ádofos El Errante

“Era un fría mañana de otoño, hace ya mucho tiempo, tanto que ni recuerdo con exactitud. Yo me encontraba en una calle europea de muchas lunas que ya ni tiene sentido contarlas. Estaba vigilante de un viejo amigo al cual debía devolverle un favor de hace décadas, cuando la vi a ella. La vi caminando mientras cerraba aun más su abrigo ante la bajante temperatura y el frío viento que comenzaba a soplar. Lagrimas rodaban por sus mejillas y su ojos se veían perdidos en el eterno sufrimiento de un amor. De inmediato dejé lo que estaba haciendo, que no era nada más que estar de pie esperando ver a esa persona de la que te hablé. Algo en esa hermosa mujer me atrajo, su aura, el dulce y atrayente aroma de su perfume, no sé, quizá todo lo que ella era.

La seguí por una cuantas calles, viendo como sus pasos se hacían cada vez más fuertes e impactantes de tacones contra el frío empedrado. De repente se detiene, el sol ya se ha comenzado a ocultar y la oscuridad la rodea lentamente y de repente una dulce aroma a flores, pero no cualquier flor. No. A la flor de los muertos en la horca. A lo que se plantaba para que al momento de los cuerpos liberar sus esfínteres o al vomitar por el ahorcamiento el hedor no fuera tan nauseabundo. Entonces me vi rodeado de esas hermosas flores que aparecen de la nada. Me siento debilitar con ese ambiente y camino torpe hacia ella.
La hermosa mujer cambia de aspecto, se ve ahora ataviada de una armadura de antigua procedencia y emana una energía semejante a la de los caballeros al servicio de los dioses. Es entonces que comprendí porqué me llamó tanto la atención.-“Dulce incauto que sigue mis pasos. Rondas el peligro de mi hermosura. Dime ¿a qué debo el honor de tu compañía en éste mi jardín de mandrágoras?”.- No pude responderle, mi garganta comenzó a cerrarse sin remedio y el aire a faltarme. En lugar de alarmarme y perderme en desesperación, comencé a reír con el escaso aire que había en mis pulmones, es entonces que ella se queda perpleja y decide suspender su castigo para conmigo. Ella se acerca considerándome fuera de combate y yo, fuerte como un toro la tomo entre mis brazos y la beso con suma pasión. La razón nunca la sabré, pero ella accedió a ello y es más, fui correspondido llenándome de sentimientos que nunca conocí. Si bien su corazón estaba roto por el desamor de un hombre al que le era imposible amarla, no me importó y decidí hacer mío el fruto de ese desamor. Ambos buscábamos huir de la realidad y lo logramos hasta el día en que su hija nació.

Ese día jamás lo podré olvidar. Era un día hermoso de verano, el sol brillaba dando en aquella pradera una sonrisa. Entonces todo oscureció y el señor muerte apareció. Maldijo la procedencia de esa niña y acabó con la vida de su madre frente a mis ojos sólo para después revivirla otra vez. Mientras él estaba ocupado con ella, me llevé a la niña al lugar donde vive su padre y se la dejé en la puerta junto con una mandrágora. El tiempo sabe el resto de su historia.

Ella estaba bajo el poder del amo y señor del Erebo nuevamente y se vio separada de mí una vez más, pero no por mucho tiempo. Verás muchacho, esa mujer es muy lista y se mostró rebelde ante su señor, pero efectiva en cumplir sus caprichos incluso los de hombre, entonces le dio libertad de nuevo y así ella me buscó hasta encontrarme, pero las cosas ya no eran iguales…. Ella ya no era igual. Su alma estaba sedienta… sedienta de venganza. Y la mía, pues la mía sólo de ella.

Ahora entiendes muchacho… Yo sólo soy un juguete para ella, pero no me importa. Las flores se marchitan y yo prevalezco para mi propio sufrir. Fui feliz con ella hasta que su amo y señor me la arrebató de los brazos. Iliabeth es su nombre y su hija es la que vengará lo que el amo del Erebo nos hizo. ¿Sabes muchacho como se llega al Erebo? Porque yo si lo sé pero la entrada me es prohibida, el hilo de mi destino no puede ser cortado jamás a menos que sea por la mano propia de Zeus.

Ella, Iliabeth, pertenece al Erebo y su hija también. Es un destino que no puede irse sólo porque no quieran ustedes. Si tu amada Amelia pisa suelo de Asgard de nuevo, morirá e irá al Erebo. Mientras su madre le endulza el pensamiento con sus locas ideas y sentimientos. Te lo cuento muchacho porque sé lo que es no tener a quien amas con tu alma y tú mirada esa noche que mi torpe mano te hirió, me dijo que eso tenemos tú y yo en común. Yo amo a la madre y tú amas a la hija. Llegará el día en que ella vista una armadura leal al amo y señor de la muerte y su dulce apariencia tome su verdadera forma. No podrás impedirlo y si lo intentas uno de sus amigos llegará a impedirlo. Espera, tu destino no se apartará de Amelia, sólo que no te sorprendas porque ella ya no sea a la que amas.
Muchacho si algún día recibes la visita del anunciante de la muerte no le temas, acepta tu futuro y ve al Erebo. Mi mano te ha herido pero al mismo tiempo tu heriste mi mano, mi sangre ahora fluye por tu corazón y no eres ni dejas de ser, sólo no hagas de tu existencia un eterno padecer errando sin sacar provecho alguno.”


Soria se detiene, con la mirada perdida en el lúgubre horizonte que se le presenta enfrente. Moga lo contempla con suma curiosidad esperando que prosiga con su relato. Todo indicaba según su entender, que ese muchacho frente a él se había convertido en algo extraño, un alma que no pertenece a ningún reino, ni el de los vivos ni el de los muertos. La noche en que Ádofos lo hiriera de alguna manera el mismo agresor fue herido y su sangre penetró en la herida de Soria. Ahora entendía porque el chico podía tener sed y tomar agua como un ser vivo. Ahora su curiosidad podría tener recompensa si luego de saber toda la historia, lleva a Soria ante su señor Hades. La pregunta más importante que debe responder Soria ahora era, ¿quién de todos al servicio de Hades es la hija de Iliabeth de Alraune?

Mientras tanto en El Tártaro …

Hades deja escapar un suspiro corto pero profundo al ver la actitud tomada por Lizz. En realidad era de esperarse tal reacción, puesto que ella desconoce por completo parte de su origen. Sin embargo el no podía negar que lo contemplado por sus ojos en aquellas amarillentas hojas del diario de su adorada espectro, dan a conocer que se sabe hija de otra mujer. Ahora era el saber si las últimas palabras de Iliabeth se harían realidad y hasta donde su veneno ha tocado el corazón de Lizz.
Lizz se relaja al ver que el aura de su amo y señor se calma. Aún continúa desconcertada por lo que él le ha dicho. En ese momento Hades toma asiento justo en el lugar donde Lizz hubiere estado dormida hasta hace unos pocos minutos, es entonces que la espectro se percata de sus alrededores viendo que a pocos metros yace el cuerpo de Iliadeth que desagradablemente ha comenzado a descomponerse dado que en realidad había muerto hace ya más de 20 años.
Lizz voltea su mirada a Hades y éste sonríe de manera sarcástica y podría decirse burlona. Con saña dedica crueles palabras hacia la espectro.

“Ese es el cadáver de le perversa mujer que te parió. Supongo que ahora caes en cuenta porque nunca pudiste resistir esta cerca de mí. No he sido un buen padre pero como dicen la sangre llama ¿no lo crees posible Lizz? … Es lamentable la verdad… Dijo como últimas palabras antes de morir que alguien ha llegado al Erebo que alzará su mano contra mí, un tal Soria. Y da la casualidad que un alma algo extraña acaba de ingresar a este mi dominio y que en vida se llamara de esa manera. No hay nada oculto ante mis ojos en este reino y ese muchacho podrá hacer y deshacer que igual jamás llegará vivo ante mí. Por ahora me entretengo con mi juego mi pequeña Lizz.”

Lizz se paraliza de inmediato, sus ojos se abren con espanto ante lo dicho por Hades. Voltea su mirada al cadáver de Iliabeth y luego a Hades pero luego se sintió morir al escuchar el nombre de aquel que iría contra su amo y señor. Todo era como un mal sueño. Nada tenía sentido para ella. ¿Qué no era aquel guerrero su padre y esa espectro su madre? No era posible ser hija de Hades, simplemente no lo era, jamás apareció nada que dijera tal cosa.
Hades ríe como niño travieso y su risa hace eco por todo el Erebo.

Verás hija mía, tu madre no era más que una mujerzuela con una belleza despampanante. Cometí el error de quererla una noche pensando que sería sólo para mí pero la estúpida se enamoró de un caballero de Asgard de esos que creen en cosas cursis y baratas. No podía dejarla viva y tampoco me veía como padre haciendo de esos que cambian pañales y cuentan cuentos antes de dormir así que mejor dejé que el otro idiota que cayó ante los encantos de tu madre, ese tal Ádofos se creyera el cuento de que el asgardiano era tu padre y así ese se encargaría de criarte y así cuando estuvieras lista vendrías aquí junto a tu verdaderos padres.”

Lizz cae de rodillas, su mente una tormenta imparable y su corazón latiendo sin cesar como caballo desbocado. Ella posa su mano sobre su pecho sintiendo su corazón por primera vez en realidad desde que llegó al Erebo




Última edición por ladylizz504 el Sáb Nov 03, 2012 9:05 pm, editado 1 vez (Razón : ortografía)

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

Mensaje por ladylizz504 el Miér Mayo 22, 2013 2:30 am

Quinta Parte

"El corazón no engaña" se dice a sí misma mientras su mente intenta comprender todo lo sucedido hasta ahora. Él, el amo del Erebo, la observa con su hermosa pero maliciosa sonrisa y en un acto que se podría decir de burla, se acerca a Lizz colocándose frente a ella y le ofrece la mano para ayudarla a ponerse de pie.
Lizz se queda viendo esa masculina pero hermosa mano por unos segundo hasta que decide tomarla. Desde hace mucho debate aquel sentimiento pensado como lealtad pero que ahora toma su verdadera forma que rápidamente cambia a algo oscuro e iracundo.

La escena que se observa entre esos dos personajes en la inmensidad de la oscura soledad de ese rincón del Tártaro, es privada pero observada por el destino. El viento frío recorre el lugar como quien intenta romper la magia con crueldad y malicia. Hades, sin saberlo o al menos sin querer admitirlo ha despertado en su frío y muy bien blindado corazón, un pequeño universo, como si fuera un big bang interior. Una pequeña chispa se enciende de sentir, como si fuera humanidad lo que recorre sus venas. Cierto… ¿quién podría pensarlo? Pensar que el dios de la muerte amara a alguien. ¿De manera incestuosa? Oh que crueldad sería aquella pero después de todo los dioses no se rigen por los principios establecidos por los humanos que deambulan y matan el planeta llamado Tierra. El cruel destino de Lizz que se refleja en sus ojos le lastima y de repente su mano ya no es fría y ella, su amada hija, siente dentro de sí el arder de su existencia y el remolino de heridas que se desgarran abiertas y comienzan de nuevo a desangrar su alma.

En cambio Hades, el amo del Erebo cede ante un impulso que responde a un susurro del pasado, uno que también ha sonado y hecho eco en Ádofos el Errante. Lizz recibe lo inesperado… un abrazo lleno de lo que hace unos segundos no existiera y dentro de ella tan sólo aparece el llanto que pronuncia ahogado el nombre de “Soria”; y es entonces que un recuerdo parte su mente como un rayo y sacude su existencia con violenta crueldad. Él, su padre, ha manejado su vida tan sólo para placeres de su retorcida y egocéntrica existencia.
En su mente no hay más que la razón que cae por encima de sus sueños y deseos, aplastándolos sin misericordia y dejando muy en claro que un dios no es capaz de amar por encima de sí mismo y mucho menos a un ser por debajo y que ha crecido con la humanidad en su corazón. Una humanidad que desde sus comienzos han juzgado como defectuosa, imperfecta e indigna.
Y entonces… la ira la inunda y ahoga con el sin sabor de la venganza.

Mientras tanto en el Río Estigia o más conocido como La Ciénaga del Estigia….

Soria decide que ya ha sido suficiente. No está seguro pero comprende que el tiempo en el mundo de los muertos no transcurre como en el mundo de los vivos. Teme que haya ya perdido la posibilidad de poder encontrar rastro o pista alguna de su amada Amelia. Sin embargo entiende que a Moga sólo se le puede endulzar el oído con palabras deliciosas que alimenten su eterna búsqueda de lo que pueda ser de su conveniencia frente al amo de ese mundo o para los propósitos que su mente retorcida puedan crear para su propio beneficio.
“Vamos chico, no puedes detenerte ahora. Cuéntame más sobre la hija de Iliabeth de Alraune.”
Soria deja escapar un suspiro que le da algo de tiempo para decidirse a poner en marcha el plan que ha maquinado en tan pocos minutos.
“Sabes de quién he hablado entonces, más yo la conozco con el nombre de Amelia, aquella que portara el manto de Megrez Delta en las tierras que me vieron nacer y morir. Las hermosas y crueles tierras de Asgard”

En su mente, Moga saca las conclusiones que debe sacar y cómo lobo que ha ya detectado a su presa y que se presta a cazarla, el espectro le da dos fuertes palmadas en el hombro a Soria dando por terminada su libertad.
“¡Ja! Muchacho ya sé de quién hablas pero tenemos un pequeño problema. Verás… me temo que ya tu hasta ahora divertida lengua, no tiene nada más nuevo que decirme. Así que debo de cumplir con el mandato del amo de este lugar y llevarte ante Tánatos y que sea él, el encargado de pasarte juicio como a todos los demás.”

Soria pasa un trago de agua con suma dificultad por su garganta, sintiéndola como una enorme bola que baja con cruel intención de hacer estallar su esófago por la tensión que éste muestra en ese momento por sentir que podría cesar su “existencia”. Sin embargo, Moga ha caído y de manera tonta, pues no se ha fijado más que en lo que su angosta mente le ha dejado ver. La muerte no alcanza a Soria. De nada le podrá servir llevarlo ante Tánatos. No es un alma que camina sin dominio propio siguiendo lo dictado en el Erebo, muy al contrario, es ahora una extensión de Ádofos, aquel que fuera condenado a la eterna vida humana.
“Si ya lo sé, pero esperaba que me dejaras contarte el resto de lo que sé, has sido muy amable conmigo a pesar de ser un alma prófuga en tierras de tu amo.”

Moga se queda pensativo ante las últimas palabras del joven y se lleva una mano a la barbilla masajeándola un tanto al tiempo que su corta mente procesa la información.
“Sabes quién es su madre, pero aún no quién su padre.”
Moga se le queda viendo fijamente y Soria toma un largo trago de agua cristalina que saborea cómo si fuera un vino de la mejor cosecha. El pez ha mordido el anzuelo pero se guarda muy dentro de sí la enorme sonrisa que amenaza con asomarse en su calmo rostro.

En cambio, el espectro deja ver su curiosa y maliciosa sonrisa que muestra su nuevo interés en saber a qué se refiere.
“Ah vamos, no soy tonto. Su padre es de Asgard, eso todos los sabemos. El intachable antes caballero Megrez Delta.”

Soria se pone de pie y niega con un movimiento de su cabeza, lo dicho por el espectro. Moga lo observa en total silencio y a la expectativa. Se nota como la impaciencia y curiosidad comienzan a darle ese brillo característico a sus ojos.
“Entonces, si él no es su padre, ¿quién lo es?”

Soria le sonríe mientras toma el restante del agua.
“Eso es algo que dejaré sabe en el momento que pueda posar mi mirada en sus ojos.
Entonces, y sólo entonces dejaré saber quién es su padre y créeme Moga. Tuy todo el Erebo se sorprenderán de mis palabras.”

Moga aprieta su mandíbula y hace crujir sus dientes. Se da cuenta que ha caído víctima de su propio juego. Si hay algo más poderoso que su enfermiza maldad, es su curiosidad. Aunque lento y tonto cae en cuenta que si es verdad lo dicho por el chico, podría ganar algo después de todo y si no es cierto, podría darle fin a Soria de manera cruel o simplemente dejarlo a mitad del Estigia como una más de las almas que luchan incesantemente por salir sin poderlo lograr, ahogándose una y otra vez dolorosamente.

Eso por supuesto ha pasado ya por la mente de Soria también, pero como su supervivencia está “asegurada” mientras no corten su cabeza, por decirlo así, decide que debe jugarse el todo por el todo. No puede ni debe menospreciar a un espectro sobre todo estando en su territorio el cual es un total misterio para él.
“Entonces… ¿qué has decidido Moga? ¿Accedes a llevarme ante Amelia y escuchar la total verdad sobre sus orígenes, o al contrario, me llevarás ante Tánatos para ser juzgado y destinado a un lugar del Erebo?”

En un movimiento que no esperaba Soria, Moga se desplaza hacia el con increíble velocidad tomándolo por el cuello y alzándolo en el aire apretando con suma fuerza su garganta. Soria lucha por respirar, intentando hacer llegar aire a sus pulmones, teniendo suma dificultad en ello.
Y entonces en un santiamén se ve transportado en la barca a través del Estigia y luego atravesando el Erebo a increíble velocidad siendo sostenido por el cuello casi casi de manera asfixiante, hasta un paraje totalmente aterrador… la octava fosa del Malebolge.
Al llegar ahí se encuentran ambos con una escena poco común. Aquella que quizás sólo ha sido limitada a las sagradas habitaciones de aquel lugar dónde habita el amo del Erebo. Éste tiene entre sus brazos a Lizz, en un abrazo muy personal y comprometedor. Es entonces que Moga, quién aún sostiene por el cuello a Soria, se queda boquiabierto exhalando todo el aire de sus pulmones para luego llenarlos de nuevo haciendo un extraño sonido que entonces y sólo entonces es ahogado por el golpe del pobre de su prisionero al caer como bulto al suelo luego de ser liberado de su fuerte tormento.

Hades, voltea su mirada hacia el espectro, atravesando su ser con la pura ira de su mirada. Moga sintiendo como el miedo cala en su alma torpemente intenta disculparse ante su inoportuna llegada.
“Pe…pe… perdón mi señor. Le he interrumpido sin pensarlo, sin embargo es para traerle al fugitivo que tanto se anda buscando.”

Soria se pone de pie. Su mirada fija en aquellos dos que se abrazan frente a él. Hades entrecierra sus párpados detallando con sus ojos la figura de hombre gallardo, de tez blanca y cuerpo atlético y musculoso, de cabello negro como el azabache y que ahora tiene según su fallecida espectro, el destino del señor del Erebo entre sus manos.

Entonces Moga canta a los vientos fríos del reino de los muertos el nombre del recién llegado.
“Dice llamarse Soria y busca a la que antes llevara el nombre de Amelia.”

Los ojos de Lizz se abren cual platos, su cuerpo entero se estremece y su corazón late desmedidamente amenazando de nuevo con salirse de su pecho.
“Él está aquí.”
Alcanza ella a decir mientras se siente prisionera entre los brazos de Hades.

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Re: PORQUE LA SOLEDAD ES AMANTE DEL OLVIDO

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