Rojo Amanecer

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Rojo Amanecer

Mensaje por Jeycrux el Miér Mayo 23, 2012 10:28 pm

La sangre se vertía sobre mi cuerpo. Aun no sabia de donde provenía puesto que mantenía lo ojos cerrados. Sin que alguna presencia extraña se hiciera presente. Solo el silencio de aquel lugar. No había nada. Mi respiración se tornaba lenta, sin alguna prisa. No sentía mi cuerpo por completo, solo mi mente estaba expuesta.

El silencio se interrumpió mientras que solo se escucho la primera gota que caía y chocaba contra el suelo. Después le siguió la otra. Y así comenzó a formarse un pequeño charco. Segundos pasaron para que comenzara a sentir mis pies, que solo sentían lo húmedo que estaba aquel piso.

Ahora recordaba lo que estaba pasando. Antes de que pudiera caer en esa total oscuridad había llegado como siempre al inframundo. Con los fantasmas de mi lado, mientras que mi armadura espectral se mantenía de la misma forma que siempre. Aun podía recordar los alaridos de aquellos condenados. Siempre mostrando ser la verdadera basura.

De pronto de la nada comenzaron a salir varios espectros. Eran de los más débiles, pero comenzaban a contarse varias decenas, que enseguida comenzaron a rodearme. No quedo ningún espacio como para poder escapar, tan solo estaba a punto de tener una prueba más. No encontré el motivo por el cual ellos se sublevaban ahora. Simplemente parecía ser que estaban un poco celosos de mi fuerza, y de como había sido premiado con la vida después de la muerte.

Se detuvieron lentamente, mientras parecían enclavar sus miradas de odio sobre mi cuerpo, cosa que no me afectaba. Lentamente levante la mano, no para atacarlos, solo tenia curiosidad, del porque la inmundicia comenzaba a levantarse contra mi.

Así que después de todo, los espectros de hades no son lo suficientemente fuertes como para atacar de a uno. Eso no es de temerse, al fin y al cabo son la mierda más inmunda de este mismo infierno. Musite mientras esperaba una respuesta a mi expresión. Ellos solo comenzaban a reír, mostrando sus dientes afilados… Bueno creo que entonces no están aquí para dialogar, si quieren pelear no tendré mas remedio que hacerlos añicos.

Y sin decir mas, todos se abalanzaron en contra mi. De poco en poco fueron cayendo casco, miembros, cabezas. Todas cercenadas por mi cosmos. Poco a poco había despertado de mi letargo. Veía como la sangre de esos espectros caían lentamente por todo el lugar. Eran cientos, incluso los grandes jueces estaban ahí. Pero se abstenían al reto.

Llame sin pensarlos a los fantasmas que dominaba, los espectros parecían no tenerles miedo, hasta que caían carcomidos por todo aquel poder. Sin duda alguna estaban muy debajo de mí. No eran rivales. Se perdían lentamente entre el fuego del infierno y las sombras de mi poder. Lentamente fueron desapareciendo, perdiéndose entre todos los escombros. Quedaron unos cuantos espectros, mientras que los tres jueces se iban acercando más y mas. Me rodearon por completo.

Wyvern simplemente tomo a uno de esos espectros por la cabeza, y la aplasto directamente en el suelo, sin que tuviera alguna clemencia por ellos. Lentamente lo pisoteo, sin dejar rastro del rostro del susodicho. Nadie sabía para quien estaba trabajando en ese momento. Los tres jueces estaban hartos de ver como los menospreciaba con el uso de mi cosmos. Aun estaban resentidos de que simplemente un ex dorado pudiese hacerle frente, mas en su propio infierno.

Separe lentamente mis pies, mientras los miraba de frente, cualquier movimiento por parte de ellos, significaba ataque directo. Primero comenzó Minos, que rápidamente uso sus cuerdas para atraparme, quería tensar mi cuerpo para que los demás atacasen a voluntad. Pude mirar sus cuerdas, pero entonces solo atraparon mi mano derecha, intente romperlas con mi cosmos, pero fue inútil, y sin mas me arranco completamente el brazo. La sangre broto rápidamente, un solo error había causado ese sentir. Tape rápidamente la herida con mi brazo libre. Wyvern ataco directamente, con una mano quiso atraparme la cara, y repetir la faena anterior, pero solo pude ladear ligeramente mi cuello, y solo puso rozar ligeramente mi piel.

Me ladeaba rápidamente esquivando todo lo que me lanzaban, hasta que las fuerzas en mis pies flaquearon, y entonces solo sentí como me elevaba por los aires. Mientras que Aiacos parecía presumir su técnica en contra de mi. Mientras estaba en el aire, solo podía pensar en Atena, la que había defendido durante un largo tiempo, y la cual me había traicionado de una manera atroz. Mandándome directamente a la muerte sin temor a que uno de sus guerreros pereciera. Por ello había aceptado unirme al ejército de Hades, para decírselo directamente en su cara. Mis pensamientos se borraron cuando simplemente un choque al suelo bloqueo toda mi mente.

La sangre simplemente comenzaba a brotar también de mi boca, comenzando a manchar el suelo, a armadura sapuri. Aquel líquido carmesí parecía brotar de todo mi cuerpo sin que nadie lo pudiese detener. Comenzaba a ver borroso, y algunos sonidos lo comenzaban a distorsionar. Ya no tenía el control de todo mi cuerpo. A lo lejos solo se podía escuchar las carcajadas por parte los jueces. Estaban haciendo bien su trabajo. Con el dolor a flor de piel, simplemente trate de pararme. Fue un verdadero martirio. Algunos huesos ya se habían roto por la caída tan abrupta.

Empecé a apoyarme de lo que estuviera cerca. Unas cuantas rocas, o simplemente un pequeño pedazo de tierra. Así de poco en poco fui poniéndome de rodillas. No podía para mas, simplemente la situación era mas favorable para los otros. Pero mi sed de venganza para con los demás, me animaba siquiera a querer comenzar de nuevo. Como si todo lo que me estaba pasando fuera algo fácil de rehacer. Mi muerte no será en vano…pensé mientras que mi mirada quedaba enclavada en el suelo, que ahora ya se había convertido en un pequeño charco de sangre. Mis cabellos grises ahora estaban tapando por completo mi rostro. Mi mano apoyada a lo que era el único sostén de ese cuerpo mallugado.

Entonces de la nada, mis rodillas quedaron bien enclavadas al suelo, y levantando lentamente la cabeza, mire a aquellos que aun parecían disfrutar de su nueva hazaña. Mi mano se irguió lentamente hacia la altura de mi hombro, apuntando a los tres. Y de la nada mi cosmos comenzó a emerger de mi cuerpo, pero era para tratar de atinar la última técnica. El cosmos índigo rápidamente comenzó a cambiar a un tono rojizo, y de la nada, una gran sombra comenzó a aparecer. Se empezó a encaminar hacia los espectros que no mostraron ningún tipo de temor. Pretendía que mi invocación acabara con la vida de esos jueces. Pero algo estaba resultando mal. El espíritu que había invocado se detuvo por breves momentos, y enseguida se encamino hacia mí.

Intrigado no sabia que hacer. Simplemente aquel ente enclavo su mirada ante mi. Y entonces de ser un simple fantasma comenzó a hacerse más grande. Era un alma que había sido aprisionada en el inframundo por mucho tiempo. Incluso parecía que yo lo hubiese salvado de ese destino. Entonces la mirada rojiza se enclavo en mi, y sin mas intención que poseerme, lentamente fue adentrándose a mi ser. Sin que yo pudiera evitarlo. La esencia de ese ser comenzó a ser la mía, incluso mi cuerpo ya no se sentía extraño ni débil. Ahora solo sentía un calor inmenso por todo mi cuerpo. Aquel cuerpo que había sido dormido por voluntad propia ahora se levantaba con más vida y vigor.
El fuego ahora vibraba en mi interior, haciendo que mi fuerza aumentase, que mi propio cuerpo comenzara a sufrir cambios anatómicamente. Mi cabello largo quedo convertido solamente en un corte arras de mi cabeza. Mi cara sufrió ligeras modificaciones, mientras que en mi cuerpo ahora la voluntad de un divino ser se adentraba. Todo alrededor sucumbía ante ese poder. La lava de los infiernos comenzaba a remolinarse, mientras que algunas piedras de las prisiones comenzaban a moverse, y de techo caían pedazos de techo del recinto. Haciendo que una densa niebla de polvo rodeara todo el lugar…

Pasaron segundos antes de que todo quedara en su lugar, mientras ahora mi cuerpo ya no pertenecía a ninguna fuerza. Ahora yo era el dios que impondría mi voluntad hacia los demás humanos, y demás reinos. Así estaba estipulado desde que había recibido ese don. Mi fuerza seria para mi propio bien y venganza.

Ahora no escuchaba nada, pero podía sentir la presencia de los mismos espectros. No los veía, simplemente caminaba sin parar, tomaba parte de sus cuerpos, y los arrancaba poco a poco de su ser. Ambas manos se manchaban de sesos. Mientras que por otra parte, la sangre de otro se vaciaba en mi cara por el corte que le causara mi mano incrustado en su vientre. Y por ultimo solo atinaba a sentir los huesos crujir mientras mis pies comenzaban a golpearlo una y otra vez.

Mis oídos comenzaron a escuchar. Mis ojos a ver. Y todo lo que había destruido lo había hecho con mis manos desnudas, mientras me veía teñido del rojo carmesí en mi cuerpo desnudo. Sin que portara alguna armadura de otro reino. Era simplemente el dios que vendría a cambiar el nuevo mundo. Me sentía lo suficientemente capaz de derrocar al ser mas poderoso.

Y así camine lentamente hacia la salida, mientras dejaba atrás los cuerpos desmembrados de los espectros, cubiertos solo por unos cuantos trozos de armadura incrustadas. Mi mensaje era claro, el que alguna vez pudo dominar mi ser, ahora seria mi enemigo.

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