LOS ORIGENES

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LOS ORIGENES

Mensaje por Jahra el Sáb Jun 09, 2012 12:53 am

PRIMERA PARTE

Si bien su primer paso luego de salir de la isla de la Reina muerte ya convertida en amazona dorada de Sagitario debió ser el Santuario de la diosa Atenea el rumbo de la joven pelirroja fue otro muy distinto aunque tampoco demasiado lejano a aquel que de ahora en adelante debía ser su hogar, o por lo menos su residencia mas permanente. La palabra hogar o mas bien el significado de dicha palabra nunca tuvo cabida en la vida de Jahra puesto que jamás conoció la calidez de un hogar, de un techo permanente bajo el cual dormir y sentirse segura, en cuya protección crecer y tener una vida “normal” o tan normal como podría tenerla un humano común, o en su caso aquellos que habitan los candentes desiertos egipcios en los cuales la ahora portadora del manto dorado sagitariano se crio prácticamente por si misma y a muy corta edad.

Ahora tras su entrenamiento volvía a su país de origen aunque no por nostalgia sino para averiguar qué tan cierto era parte de lo acontecido en el transcurso de su batalla final por la armadura con el amo del Inframundo griego. Habiendo sido siempre de mente inquieta la amazona de morena piel no podía esperar hasta después para obtener respuestas a sus interrogantes y el único lugar donde las obtendría estaba en Egipto.

Tras pisar tierra firme en las costas mediterráneas africanas luego de varios días de viaje por mar, lo único que necesitaba hacer era caminar hasta llegar a su destino y caminar era algo a lo que estaba ya habituada. Mas siendo conocedora del inclemente calor del dia, viajaba de noche, veloz y de la forma mas silenciosa posible y fue gracias a esa velocidad que se había incrementado durante su estadia en la infernal isla que logro llegar en mucho menos tiempo que a cualquier humano normal le hubiese tomado, aun cuando esa rapidez suya era tan solo una muy pequeña fracción de la real. Habia progresado mucho desde que dejo su tierra para entrenar y convertirse en amazona lográndolo tras difíciles retos pero a pesar de eso pensaba que aun le faltaba mucho, quería aprender más, ser más fuerte y lograr experiencia en combate puesto que apenas y pudo sobrevivir a la experiencia en Reina muerte.

Con todo eso en su mente tan solo tardo dos noches en llegar a la parte egipcia del Desierto del Sahara alejada de las ciudades, si bien pudo llegar antes quiso tomarse su tiempo para descansar a la sombra y a resguardo de la vista ajena. Su cuerpo aun cuando fuese sanado todavía resentía algo de cansancio por lo que el reposo no le caia mal y aunque las temperaturas allí solian ser hasta de mas de 60 grados centígrados en el dia ella ya estaba acostumbrada asi que se lo tomo con calma. Hizo una parada en un gran oasis que conocía y que para su suerte estaba solitario, aunque noto que el desierto había reclamado una parte de este poco a poco con el lento pasar de los años, se instalo allí dejando a su lado la caja con su armadura y se sento bajo una frondosa palmera a contemplar el cielo nocturno el cual podía verse en todo su esplendor en sitios como ese donde las luces y bullicio de las ciudades no entorpecían su belleza. Asi como los días en el desierto eran extremadamente calurosos las noches eran todo lo contrario llegando incluso a los 0 grados causando mucho frio.

Pero para ella el clima esa noche era sumamente fresco nada más y lo disfrutaba mirando las estrellas, observando las constelaciones sobre todo a su constelación guardiana, Sagitario. Sus estrellas brillaban intensamente en medio del cielo nocturno y llamaban con esto la atención de la joven amazona, aunque no era solo esto en lo que divagaba su mente.

- Ahora está mas visible que nunca, o será que no lo noté antes?- murmuraba para si- He perdido la cuenta de cuantas noches me pase contemplándola e imaginando que tan real eran aquellas historias que escuchaba en las caravanas sobre antiguos guerreros al servicio de dioses de tierras lejanas. Y ahora soy una de ellos, aunque todavía no me explico el por qué hice caso de ese sueño que tuve cuando solo contaba con 10 años.

Su memoria se remontó a esa ocasión en que como tantas otras veces busco refugio para dormir en las solitarias calles de una pequeña aldea de artesanos y ovejeros a las orillas del desierto. Andrajosa, con solo un raido vestido cubriéndola y completamente descalza recorría el lugar, tocando una puerta tras otra para pedir comida y refugio siendo rechazada una y otra vez. Solo una anciana se compadeció de ella ofreciéndole las sobras de su propia comida, tres dátiles y un pequeño trozo de carne seca, que aun siendo bien poco ella aceptó al llevar casi cuatro días sin probar bocado.

Se había sentado cerca de un corral de ovejas buscando calor en tanto comía su pequeña ración y bebía la poco agua que había logrado sacar de un pozo abandonado. Calmada un poco el hambre y la sed, se había quedado dormida comenzando a soñar con personas que emanaban luz de sus cuerpos y vestían extrañas ropas de color dorado, uno de ellos de cabello castaño y piel tostada que además tenia alas doradas en su espalda. Cuando la imagen de ese hombre desapareció tras si surgia la brillante figura del sol, que termino transformándose en un halcón que volaba hacia ella y cuyo chillido la despertó solo que al abrir los ojos no fue un halcón lo que vio sino a un hombre que látigo en mano le gritaba que se largara o la mataría.

Asustada se había quedado en ese rincón tratando de protegerse de los furibundos latigazos que le eran dados hasta que algo dentro de ella que en ese momento no supo que era la hizo detener el látigo con sus propias manos y arrancarlo con una inusitada fuerza en lo que su pequeño cuerpo emitía un destello de color rojo que termino por asustar al hombre y a la tropa de niños curiosos que se reían de ver cómo era azotada. Luego sin saber de que forma salió corriendo de la aldea tan rápido que cuando al fin cobro conciencia ya estaba adentrada en el desierto.

Allí cayó sobre la arena que aun no calentaba pues el sol apenas surgía por el horizonte, exhausta y confusa por lo ocurrido primero se arrastró un poco para luego gatear y mucho después encontrar fuerzas para levantarse y caminar de forma torpe, tropezándose cada tanto hasta caer por la pendiente de una duna y rodar inconciente. Al despertar el cielo estaba rojizo y ella estaba en medio de dos palmeras dentro de un pequeño oasis, sin idea de cómo llego ahí y sin la energía física para levantarse volvió a quedarse dormida surgiendo de nuevo aquel sueño extraño que la despertó de la misma manera, mas ahora no estaba bajo unas palmeras sino acostada sobre la arena y tapada con una delgada manta junto a una fogata nocturna.


- Bienvenida nuevamente al mundo de los vivos pequeña- escucho decir a la voz de un hombre viejo que estaba sentado sobre una piedra del otro lado de la fogata.

La niña reaccionó tratando de hacerse para atrás aunque a esto el anciano solo se rio sin mostrar la mas mínima intención de acercarse.

- Descuida no te haré daño, pues veo que ya te han hecho lo suficiente.

Las marcas de látigos en sus bracitos era a lo que el hombre se refería. Con tranquilidad este dio vuelta al cordero que se cocia en las brasas de la fogata que alumbraba la zona del oasis donde estaban, tomó un pequeño cuchillo para cortar un trozo grande poniéndolo sobre un cuenco de madera junto con un buen racimo de dátiles para ofrecérselos a la pequeña Jahra.

- Imagino que debes tener mucha hambre, por lo delgada que estas no has de haber comido bien por mucho tiempo. Asi que come cuanto quieras ahora y repone tus fuerzas.

Aunque seguía recelosa el hambre pudo mas que la desconfianza y acabo por aceptar la oferta comiendo con avidez, con lo cual se mostró que su diminuta cena de la noche pasada fue insuficiente para aplacar por completo el hambre de días que llevaba a cuestas. Su acompañante solo la observó comer con avidez y mostrando una pequeña sonrisa, la niña le miró y entonces se percato que los ojos de el tenían el mismo color que los suyos cosa que le llamo la atención pues no era algo común de ver sin embargo no dijo nada hasta que terminó de satisfacer su apetito.

- Parece que en verdad la vida te ha tratado mal pequeña- comento el hombre viéndola fijamente.

- Ya estoy… acostumbrada- respondió Jahra desviando los ojos, se quedo en silencio aunque pocos segundos después externó su agradecimiento- Muchas gracias.. por ofrecerme comida y cuidar de mi pero creo que sería mejor que me fuera, no quiero ser un estorbo para usted.

- No lo eres, en realidad no tengo prisa. Y dudo que tu la tengas, asi que mejor quedate a descansar y mañana ya verás si deseas marcharte.

Con calma el viajero tomó un trozo de rama de palmera para atizar el fuego, la niña pelirroja lo observó pudiendo ver sus facciones gracias a la luz de la hoguera, un rostro de piel más clara que la suya, barba poco tupida y cabello canoso, vestido con una túnica larga de color gris con una tela de color blanco sobre los hombros y sandalias hechas de cuero. No cruzaron más palabras en el resto de la noche puesto que como estaba cansada ella no tardo en volver a quedarse dormida.

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MAS ALLA DE TODA GLORIA DEL ORGULLO Y EL VALOR EL PODER DE UN HEROE ESTA EN SU CORAZON

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Re: LOS ORIGENES

Mensaje por Midgardo el Sáb Jun 09, 2012 2:10 am

Offtopic: Checado y puntos dados.

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