Al encuentro del odio el amor cara a cara, el increíble hallazgo de la hija del Sol

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Al encuentro del odio el amor cara a cara, el increíble hallazgo de la hija del Sol

Mensaje por Jahra el Sáb Jul 14, 2012 11:51 pm

La batalla había terminado y la novena casa del zodiaco volvía a estar en silencio, y en penumbras… Los ojos de Jahra regresaron a la normalidad y su armadura abandonó su cuerpo, dejándola con la vestimenta de amazona que llevaba antes de la pelea aunque su piel mostraba quemaduras serias por causa del ataque llameante del Pegaso del Inframundo, el rostro de la chica se congestionó porque ahora sí sentía un poco más dichas quemaduras. Miró al joven inconsciente al cual aún sostenía, lo sujetó por un brazo y haciendo un esfuerzo lo llevo con ella hacia un costado del templo y lo apoyó contra la pared con suavidad, con cuidado le retiró el pectoral de su dañada armadura, procediendo luego con las protecciones de piernas y brazos colocando todo a un lado del chico.

Una vez hecho esto se lo quedó viendo por un instante, acercó su mano a la mejilla que aún tenía húmeda debido a la lágrima que curiosamente se le escapó anteriormente secándosela con su dedo y luego a pesar de la semioscuridad hizo una rápida revisión de las lesiones de este constatando que estaba severamente lastimado. La morena hizo una mueca debido al dolor que ella misma sentía y analizó lo que debía hacer… si bien hacía pocos instantes estaban enfrascados en una cruenta batalla uno contra el otro por motivos que ella aún desconocía y durante el transcurso del combate no mostró piedad alguna como guerrera, ya ese pasaje había concluido y ahora solo se encontraba con alguien herido que si bien provenía del Inframundo sintió que no podía dejarlo desfallecer.

- Eres un sujeto extraño- murmuró nuevamente sin dejar de mirarlo- Demasiado….

Si bien durante el combate lo estuvo analizando buscando descubrir sus intenciones y un por qué a una conducta que le parecía extraña puesto que ese chico se había aventurado él solo en el Santuario, sin apoyo de nadie y con la idea fija de subir las doce casas a cualquier precio no lograba comprenderlo. Ahora producto de ese misterioso empeño yacía desmayado junto a una pared y a merced de lo que su vencedora estimara hacer con él, había una gama de posibilidades… podía ir y avisar de su presencia para que fuera tomado como prisionero, podía incluso dejarlo desvanecerse por completo y morir o bien rematarlo de forma rápida… ella tenía la decisión de elegir el destino de su visitante. Qué sería lo que tenía pensado la amazona de rojos cabellos?

Acercó su oído a la nariz de Pegaso escuchando su respiración, la cual era lenta y pesada, dificultosa siendo evidencia de su condición. La egipcia suspiró profundamente cerrando los ojos.

- Un invasor furtivo que entra como si fuera un ladrón, intenta cruzar mi templo y liquidarme para seguir su camino con quién sabe qué propósitos, se muestra arrogante buscando acabar conmigo creyendo que puede liquidarme. Lo lógico sería que me desentienda de ti o que haga venir a los guardias para que te lleven prisionero…

La noche sobre el Santuario avanzaba sin dilación, el tiempo no detendría su marcha por ningún motivo, jamás lo había hecho y jamás lo haría. Jahra suspiró nuevamente abriendo los ojos y al hacerlo su cosmoenergía la rodeó posando entonces su mirada sobre el visitante, lo miró muy seriamente y acercó una de sus manos a él, parecía que lo remataría pero… lo que hizo fue ponerla sobre su pecho comenzando a pasarle energía, curándolo con su cosmo.

- Lo sé, lo sé, a lo mejor soy muy compasiva. No sé si esto se volverá en mi contra después pero no puedo dejar las cosas así aunque sea un enemigo…. No estamos en guerra ahora y no planeo iniciar una, prefiero la calma y lo sabes- murmuró como si hablara con otro presente.

No se podía saber con quién o con qué estaría dialogando la chica, solo ella lo sabía. Pero lo cierto es que lo hacía como si hubiese alguien más en ese lugar, alguien invisible al que solo ella podía ver o escuchar… Con la mano puesta sobre el pecho del Pegaso siguió manando su aura hacia él, un aura serena y calma como un arroyo que fluye sin obstáculos y de esta misma manera fluía el cosmos de la egipcia hacia el Inframundano, distribuyéndose por todo su cuerpo sanándolo interna y externamente, al menos de forma física. Mientras lo sanaba no dejaba de verlo y al estar más de cerca tenía la oportunidad de mirarlo con más atención a pesar de que aún no veía sus ojos y como alguna vez escuchó decir que los ojos eran las ventanas del alma quería saber que reflejaban los de ese chico.

A pesar de la poca luz podía verlo relativamente bien gracias al leve brillo de su propio cosmos, anteriormente solo se dedicó a examinarlo a nivel de batalla pero ahora lo llevaba a cabo de otra forma distinta. Si bien no tenía manera de saber con exactitud su edad su rostro joven le llevaba a deducir que era cercano a la propia edad de la amazona o al menos eso le parecía puesto que la misma Jahra sabía de sobra que no siempre se podía juzgar a alguien por su apariencia física. Tenía una musculatura bien desarrollada tanto en brazos como piernas y torso, cosa que en realidad ella ya había visto en ocasiones anteriores puesto que al estar sumergida en un mundo donde se entrenaba para ser guerrero y predominaban los hombres era común encontrar ese tipo de desarrollo físico. De piel morena, sin una camisa que lo cubriera y tan solo portando una pieza de ropa que era un jeans, ya que ni siquiera calzaba zapatos. Hasta donde podía ver tenía varias cicatrices que no contó pues se le hicieron demasiadas y esto la sorprendió aunque el tipo de vida que llevaban quienes peleaban no estaba exento de ello.

Siendo amazona la morena estuvo desde temprana edad consciente de que para alcanzar su meta debía superar los límites más allá de lo pensado y como la gran mayoría de las mujeres guerreras tenían un cuerpo a primera vista frágil esa era su principal arma… únicamente quienes conocieran sobre batallas sabían que constituía un error grave e incluso fatal subestimar por esa supuesta fragilidad a una amazona.

Tras unos minutos retiró su mano del pecho del muchacho al juzgar que lo hecho había sido suficiente, dejo escapar otro largo suspiro de cansancio para después ponerse en pie moviéndose pocos pasos a la izquierda. Apoyó su espalda contra el mismo muro que a pocos pasos mantenía sentado al desvanecido visitante y se deslizó hasta quedar sentada. Miró sus propias manos y cuerpo, su vestimenta estaba rasgada y chamuscada y se evidenciaban en ciertas zonas corpóreas las quemaduras recibidas.

- Aún me queda energía suficiente… pero terminaré agotada luego de esto- dijo para sí misma.

Su aura dorada la rodeó de nuevo totalmente ahora actuando sobre ella para sanar las quemaduras sobre las áreas enrojecidas de su piel que si bien era más oscura que el promedio semejando el color de la canela y casi cercano al de la propia miel, ahora tras las llamas causadas por el Pegaso del Inframundo tenía evidencias de haber tenido contacto con un fuego abrasador. Pero habiendo entrenado en un lugar conocido por ser el infierno terrestre y siendo hija de un dios relacionado con el astro rey ella tomó rápidamente costumbre de no quejarse puesto que no sentía dolor como lo hubiese sentido un humano común que con aquellas llamas habría muerto calcinado probablemente hasta los huesos.

Sintiendo el alivio que su cosmoenergía proporcionada al ardor causado por la irritación, Jahra cambió de posición para sentarse serenamente y en una forma que le servía para meditar. Cerró los ojos nuevamente y se relajó, dejando que sus otros sentidos le permitieran percatarse de su entorno en caso de que fuese necesario. Poco a poco, lentamente, las quemaduras comenzaron a sanar, el congestionado rostro de la amazona egipcia de cabellera roja fue tornándose tranquilo y su respiración normal, tardaría algún tiempo más en recuperarse pero ya estaba encaminada a ello. Y para saber cómo se encontraba aquel con quien había sostenido una de las batallas más interesantes de su vida era pertinente esperar a su despertar, cosa que podría tardar ya fueran minutos o hasta horas… no era algo que ella pudiese saber. Menos aún saber que era lo pasaba por su mente cuando trató a toda costa de sobrepasarla.

Sentada a pocos metros de distancia de ese joven permaneció ella, esperando… y esperar era una de las cosas que mejor sabía hacer además de pelear, puesto que había esperado mucho tiempo por convertirse en lo que ahora era.

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Re: Al encuentro del odio el amor cara a cara, el increíble hallazgo de la hija del Sol

Mensaje por OH ME el Mar Jul 17, 2012 7:52 pm

Esa noche que parecía muy larga. Con cocuyos que alumbraban como ojos parpadeando y hasta parecían hadas que revoloteaban la hierba. El sonido de los grillos retumbaba como eco aquí y allá. Pero todo lo ocurrido en el templo de Sagitario era lo importante. El templo casi destruido de Sagitario se había librado una gran batalla. Columnas, paredes y el suelo fueron reducidos a escombros. Cruenta batalla que habían tenido la hija del Sol y el corcel de la muerte.

Allí estaba entonces él después de su trágico final. Su objetivo frustrado por una mujer, una guerrera. De cabellos rojos como el fuego, de piel morena como la canela, de ojos verdes como la clorofila. Bella y de buen perfil, no ocultaba su rostro como la mayoría de las guerreras de Athena. Eso era una regla obligatoria, pero ella tendría sus motivos para violar esa regla. Volviendo a él, estaba de pie, inconsciente, herido y frustrado. Su mente dibujaba ahora en sus pensamientos y recuerdos mientras la egipcia podía hacer de él lo que quisiera. Estaba expuesto, y ella pudo haberlo matado allí mismo, pudo haberlo desechado en cualquier lugar o entregarlo a la justicia divina del santuario. Pero no lo hizo.

Lo había recostado entonces en el suelo, y él, sumido en su letargo. Imaginaba su mundo. Estaba allí, en su cruel pasado de niño, en su aldea devastada por las guerras constantes del momento, tirado y afligido en el suelo esperando su muerte. Desde ese momento parecía que siempre había sufrido a lo largo de su corta vida, pero no fue así, No existe una persona que haya nacido desdichada, o que no haya reído de felicidad al menos una vez. Él era humano, así que alrededor de su niñez, específicamente a la época de 3 años era un bebe feliz, con padres y una familia. Creció virtuoso y decidido, aunque algo ambicioso. Quería ser lo mejor a los ojos de su padre, sobresalir siempre y ser lo que su familia nunca pudo llegar a ser. A pesar de su pobreza sus padres resultaron ser buenos maestros para él, pero la vida misma resultó ser la más cruel de sus maestras.

De niño defendía a sus amigos en problemas y le gustaba ayudar a laborar a los artesanos de la aldea, era un chico muy cooperativo buscando solo de superarse cada vez más. Hasta que sus padres repentinamente no aparecieron más. Yacían muertos en su casa y él nunca los vio para despedirse pues los vecinos prefieren alejarlo de allí, Fue la primera vez que el feliz chico había llorado desde su existencia en ese mundo. Y a su superación decidió seguir adelante sin flaquear por sus padres, por él. Ya solo en el mundo buscaba superarse a cualquier costo, buscaba poder.

Pasado el tiempo el niño feliz había pasado a ser el joven y sombrío chico solitario. Nadie contaba con él por miedo, y casi nadie se le acercaba. Ya nada le importaba, solo buscaba superación, sobresalir. Así que la vida le dio la oportunidad, una invasión de extraños hombres con armaduras devastaron su aldea. El joven a pesar de ello lucho por defender lo suyo, pero era débil, aun no tenía el anhelado poder. Por suerte de la vida, o por desdicha, quizá esta quería que él siempre sufriera. El chico sobrevivió al ataque de los sujetos, ya nadie ni nada se encontraba en pie en la aldea, niños y mujeres también habían muerto sin misericordia, incluso él que había dado todo de si había sido apaleado hasta casi morir. Miles de cicatrices graves y profundas estaban marcadas en su cuerpo y tambaleándose de un lado a otro logro difícilmente llegar hasta un río donde se desmayó y cayo dentro.

No se sabe cómo se había salvado de no morir ahogado, pero despertó a orillas del rio. En ese entonces su lleno de luz el cielo, el sol había aparecido de repente en el firmamento. Las nubes se hicieron blancas, las hierbas verdes y el río azul cristalino. Las heridas de su cuerpo habían desaparecido. Todo era repentino, extraño pero hermoso, parecía un paraíso aquel lugar, algo estaba ocurriendo. Sus padres estaban allí, y la gente de la aldea había aparecido por todos lados, parecía un lugar de felicidad aquello. Y fuera de su trance la chica de piel canela estaba trasmitiendo parte de su cosmo al cuerpo del infra mundano.

¿Cómo es posible? ¿Estaba loca esa chica? estaba curando, trayendo de vuelta a la vida al Pegaso muerto. Más no solo simplemente eso, era de esperarse que el sueño melancólico, los malos recuerdos de una infancia atropellada por la vida, se haya tornado de un momento a otro en pensamientos alegres y felices. El cosmo trasmitido por esa chica parecía tener ese efecto. Estaba purificando el alma del joven Pegaso muerto, quizá sin ella saberlo aun.

En su sueño él veía que todo se volvía claro y majestuoso, parece que demasiado. El sol brillaba con intensidad, pero está cada vez aumentaba más. Se volvió abrasador e imponente el sol ¿qué rayos estaba pasando? Se preguntaba el joven. Recordó entonces de un momento a otro cuando se encontraba en el santuario de Athena. Bajo entrenamiento sagrado y siendo reclutado como santo de bronce de Pegaso, no tenía maestro, pero había cierta persona que lo quería casi como a un hijo y lo ayudaba en todo aquello que el joven requería. Ahora él solo podía recordar su rojiza cabellera que se batía con el viento y sus ropajes desgarrados y sucios. Un caballero ha de ser con muchos principios, pero solo eso recordaba. Incluso la imagen de Athena parecía borrarse como se borra un dibujo en un papel hecho con lápiz de granito. Cada escena que el recordaba era invadida por la excesiva y brillante luz abrasadora.

Incluso pasó por su mente su encuentro con Hades, el Dios de los muertos, rey del inframundo. Si, hay estaba frente a él pero este no podía verlo, parecía que su presencia era astral, incorpórea, y lo más curioso era que el Dios estaba hablando con una persona...esa persona era específicamente una mujer de cabellos rojos y piel canela. ¿Podría ser? ¿Pero que hace ella aquí? se preguntaba el dudoso joven.

Corrió entonces en dirección de los hablantes que se desvanecieron al viento como esporas. Todo parecía borrarse y esfumarse de a poco, solo quedando en un vacío blanco y sin nada. Pudo darse cuenta de que todo era un sueño o una ilusión, como era posible parecía recordar ahora, él estaba en la casa de Sagitario batallando con esa chica pelirroja una noche, la noche ideal. Y así era pues apareció el joven dentro de la casa de Sagitario, y allí a su encuentro había salido de las sombras de algún lugar del recinto la joven y hermosa pelirroja.

NecroPegaso escribió:Tú, ¿qué me hiciste?

Ella no decía nada e incluso su mirada estaba bajo la sombra. Mientras que tras ella se dibujaba la figura de un sujete ya nombrado antes, Hades. Allí estaba el Dios hundido en las sombras del recinto siendo rodeado por su extraña aura y sucedido a la joven pelirroja.

NecroPegaso escribió:¿Hades? Tú no eres del inframundo! solo intentas confundirme para derrotarme


En ese preciso instante Hades extiendo sus brazos para abrazar a la joven pupila desde su espalda y así quedar mudos frente al Pegaso muerto que no entiende aun que es lo que sucede. Toda su mente era un revuelto ahora de pensamientos, pero lo más curioso, era que sus atormentantes recuerdos del pasado parecían haberse ido. Se esfumaron de sus recuerdos como la niebla se desvanece al amanecer, y allí todo empezaba a iluminarse también. El sol ya se volvió ardiente, asolador y sofocante. Estaba quemando su piel y asfixiándolo mientras el Dios y la joven solo lo miraban allí sin decir palabra.

Las metálicas piezas de su armadura en la que ahora vestía de un momento a otro, empezaron a arder, se volvían al rojo vivo y no tuvo más opción que quitárselas. ¿Qué ocurre? el sol estaba acabando con su vida y el intentaba escapar pero ya no estaba en ningún lado, todo lo que lo rodeaba era un lugar blanco sin nada, solo siendo alumbrado por la ardiente luz que no provenía de ningún lado. Era su fin ya nada podía hacer.

Mientras que en la realidad el sol si empezaba a asomar su brillante pupila por entre los parpados de las montañas del este. El recinto de Sagitario empezaba a ser iluminado y la chica permanecía allí vigilante al sueño del joven Pegaso muerto que aún no despertaba. Ella parecía ya resignada a su muerte pues ya no podía hacer nada por él. En el santuario todo volvía a su curso de vida, en cualquier momento sonaría la alarma de intrusos, en cualquier momento se enterarían de la violación del aposento sagrado. Pero todo había acabado, así parecía ser hasta que en cierto momento se escuchó una sosegada voz ronca...

NecroPegaso escribió:Que demo...


Después de un largo letargo había despertado, el joven Pegaso muerto había reaccionado abriendo sus ojos ante la luz del sol que le daba de lleno al rostro a través de un agujero en la pared del recinto, para el asombro de la resignada pelirroja, ¿Que haría ahora que su enemigo había resucitado? ¿Tendría que prepararse para una cruenta batalla de nuevo?


Última edición por NecroPegaso el Lun Jul 23, 2012 3:48 pm, editado 1 vez

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Re: Al encuentro del odio el amor cara a cara, el increíble hallazgo de la hija del Sol

Mensaje por Jahra el Vie Jul 20, 2012 7:30 pm

La mañana se levantaba una vez más sobre la bóveda celeste, comenzaba a clarear un nuevo día tras una sorpresiva batalla nocturna en la novena casa custodiada por la poseedora de la flecha dorada. La amazona de rojos cabellos permanecía sentada en posición de meditación y completamente tranquila a pesar de los destrozos a su alrededor, era obvio que el templo de Sagitario necesitaría restauración puesto que los daños que recibiera por la batalla acontecida allí eran grandes, aunque por ahora a ella no parecía importarle eso. Ocupada en la cura de su propio cuerpo tras sanar el de su adversario y esperar que este despertara la reconstrucción de su casa era algo de lo que se preocuparía luego, una cosa a la vez.

Varias horas habían pasado y el chico no despertaba, pero Jahra sabía que no podía hacer más por él, si se salvaba o no dependía de su propia voluntad por lo cual solo esperó… y esperó. No estaba consciente de lo que su energía hizo en el Pegaso del Inframundo, irrumpiendo y en cierta forma purificando algo que parecía no tener solución alguna, aunque ella no lo sabía puesto que desconocía su historia por completo, desconocía su pasado y sus razones para ir allí buscando lograr algo que parecía demasiado arrogante para una sola persona. Se mantuvo así hasta que lo juzgó conveniente y que su cuerpo estuviera repuesto al menos en parte, cuando empezó a clarear abrió los ojos rompiendo con la meditación y volteó la cabeza para contemplar al chico de cabello castaño que yacía a corta distancia de ella, con la luz del día que poco a poco ganaba espacio pudo ver mejor a su visitante y las cicatrices que le cubrían el cuerpo.

- “Cómo es posible que alguien tan joven como él tenga tantas marcas en su cuerpo? – pensó la chica- Ya he visto eso antes pero.. nunca conocí a nadie que tuviera tantas cicatrices como él”

La amazona suspiró largamente volviendo a sentarse con la espalda apoyada contra la pared. Estando así y al albor del nuevo día pudo observar con más exactitud la magnitud de los daños en su entorno, resopló entonces percatándose de lo duro de la pelea acaecida y de lo que esto conllevaba… seguramente sería visto por algún vigilante del Santuario e irían a saber que pasó, con lo cual sabrían de la presencia del muchacho. Ella le había perdonado la vida pero era improbable que si lo encontraban allí corriera de nuevo con la misma suerte, fue entonces que sin saber por qué se inquietó ante dicha idea… más valía que despertara pronto y se marchara o sería apresado.

Casi parecía ahora que la egipcia velaba el sueño de aquel desconocido y eso en si ya era extraño, y más extraño aún que no lo hubiera dejado solo marchándose puesto que prefería siempre estar sola. Por un momento creyó que el Inframundano jamás despertaría y que había sido en vano su esfuerzo puesto que no se movía y no parecía respirar tampoco, la chica se quedó sentada con su brazo derecho sobre la rodilla del mismo lado con dicha pierna elevada y bajó un poco la cabeza cerrando los ojos. Ya pensaba en levantarse y buscar la forma de solucionar aquello cuando de pronto….

Escuchó una voz, era la del Pegaso que comenzaba a despertar de su letargo, lo cual confirmaba que seguía con vida. Jahra miró de reojo en espera de su primera impresión cuando este recordara y se percatara del sitio donde se hallaba y quién permanecía cerca de él ya que era posible que reaccionara de forma hostil. Ella solo permaneció seria mirándolo por un instante hasta que decidió hablarle.

- Lo lograste.. pensé que no volverías a despertar- le dijo con voz serena- Veo que me equivoqué, es bueno ver que no gasté mi energía en balde para poder traerte de vuelta, aunque no puedo hacer mucho por tu armadura.

Con un gesto le señaló su severamente dañada armadura puesta a un lado suyo la cual mostraba rajaduras y grandes grietas. Encogióse la chica de hombros por esto.

- El arte de reparar armaduras es uno para el cual no soy hábil, solo soy buena en combate y en usar cosmoenergía para sanar heridas, que fue lo que hice contigo.

Los ojos verde esmeralda de la jovencita lo miraban fijamente desde su posición para después ponerse en pie en pose relajada pero a la vez preparada en caso de que debiera hacer algo en su defensa, no sabía si él decidiría atacar de nuevo. Aunque estaba consciente de que no estaba del todo recuperada no tendría más elección que hacerlo si era orillada a ello, si bien esperaba que no fuera así y que el joven castaño desistiera en su empresa por lo que no hizo ningún movimiento hostil que él pudiera interpretar como amenaza, se quedó quieta sin apartar su vista de él. A la luz del día que se levantaba su figura se veía mejor, investiduras de amazona que ahora lucían quemadas en algunas áreas además de mostrar una que otra rotura.. su piel canela se notaba mejor, el contorno de su rostro sin máscara alguna que lo cubriera cosa que la destacaba de otras amazonas, costumbre que conservaba a pesar de haberse vuelto amazona dorada, sus brazos eran delineados pero sin llegar a ser demasiado delgados mostrando algo de músculo y su figura aunque de baja estatura era esbelta y bien definida. A simple vista se denotaba que su apariencia física podía resultar engañosa si llegaban a juzgarla mal.

Fuera de eso la seriedad que marcaba su semblante no calzaba para alguien tan joven, era algo que aprendió casi desde niña. Viendo el mutismo del muchacho se cruzó de brazos esperando que se levantara o hablara, o ambas cosas.

- Bien supongo que tendrás las cosas claras no? Si decides seguir en el Santuario alguien más hará contigo lo que no hice yo, o sea matarte, no creas que serán tan benévolos contigo. Así que te aconsejo que te marches si aún quieres vivir… ten en cuenta que si no pudiste vencerme no podrás seguir avanzando y menos en el estado en que te encuentras.

Se le acercó un poco más sin bajar los brazos, deteniéndose a tres pasos de distancia.

- Es verdad que evité tu muerte pero no estás en condiciones de entablar pelea otra vez así que será mejor que te marches antes de que descubran tu presencia aquí… si llegan y estás en este sitio serás apresado y no podré hacer nada para evitarlo. Así que vete.

Se dio la vuelta y se alejó unos pasos de él, se detuvo y se dio parcialmente la vuelta quedando con el lado izquierdo de su cuerpo hacia él, giró un poco la cabeza y continuó.

- Ya me di cuenta que no hablas mucho y solo tú sabrás por qué, no te obligaré a hablar tampoco… por lo que supongo que solo te queda decidir qué hacer. Lo dejo a tu libre elección.

Jahra se quedó entonces en silencio, tan solo observándolo de reojo para ver qué haría. Y como siempre el tiempo pasaba sin detenerse, podría ser que en cualquier momento llegara algún guardia o incluso otro caballero a investigar ya que la pauta estaba dada.

Una ligera brisa matutina se coló en el recinto de Sagitario moviendo ligeramente algunas hebras de cabello rojizo de la chica de piel canela, esto llenaba de frescura el ambiente al menos de momento puesto que conforme avanzara el día el calor se apoderaría de este, algo típico en realidad de Grecia y más de la zona en que se ubicaban los dominios de la diosa Athena. Y aquella fresca brisa también proporcionaba cierto alivio al cansancio físico sentido y al menos en el caso de ella estaba despejando su mente… la verdad era que la meditación practicada antes no consiguió calmarla totalmente y desconocía las razones de ello pues nunca antes le había pasado. Por una parte estaba tranquila pero por otra se sentía inquieta y no se explicaba los motivos, aunque sabía disimularlo perfectamente de forma que no se le notaba ni siquiera en la mirada o en su actitud, la cual era probablemente demasiado ruda aún siendo amazona, sin embargo ella estaba acostumbrada a ser así con cualquiera y más que todo con los hombres.

El único hombre al que había mostrado cierto nivel de respeto había sido su maestro, y recientemente su propio padre si bien a este apenas empezaba a conocerlo. Ella sacudió su cabeza al descubrirse pensando esas cosas.

- “Por qué estoy pensando en eso ahora? Nada tiene que ver con este chico”- se reprochó mentalmente a sí misma en lo que en silencio esperaba todavía una respuesta de su parte para saber qué curso de acción tomaría finalmente.

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