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Mensaje por Raito el Sáb Nov 17, 2012 2:01 am

OFF TOPIC: El fic se divide en capítulos. Por favor, no me sumen los puntos en caso de ser sumados a la hora de postear un fic por ahora, solo hasta que haya terminado, postearé el epilogo correspondiente y entonces avisaré al staff. Ahora respecto a la trama entro del fic, se basa dentro del universo que ha vivido el SSAP dentro de la perspectiva de mi personaje, desde sus inicios en entrenamiento hasta mi último cambio de Leo a general de Siren. Sin embargo, éste fic no forma parte oficial de mi cambio de puesto. Sin más que decir, espero disfruten de la lectura.

Mi vida comenzó de una manera imprevista, se dice que yo era el origen de una relación de la que nadie sospechó, sin mencionar que era posible decir “él es la consecuencia de algo prohibido”. Puede que haya razón coherente en esas palabras, en realidad perdí el interés de asimilarlo de este modo o no. Mi inicio es la relación entre un caballero dorado y una amazona plateada, muchos los conocen al ser dos grandes guerreros con diferentes capacidades por sus lados. Encontramos a un caballero y a una amazona manteniendo una relación secreta, el fruto de la misma no fue nadie más que yo; muchos lo sospecharon y a la hora de mi nacer en un siete de agosto con un parto exitoso me otorgaron el nombre de “Raito”. No sé qué significa, tampoco me preocupa conocerlo. Ellos dos me dieron en adopción a un pueblo cercano al Santuario una diosa, dieron una orden prácticamente absurda a una mujer originaria del pueblo. Esta mujer fue ordenada a llevarme cerca de la Fundación para luego enviarme a un país seguro, la situación era totalmente crítica en ese entones. Sin una consciencia que me respaldara siendo un recién nacido. Bajo la orden que pocos conocían fui enviado a los Estados Unidos de Norte América, y fue ahí donde me otorgaron una nacionalidad oficial; una tontería total en mi opinión ya que no encontré y sigo sin encontrar un sentido decente a todo esto. Bajo las memorias que han surgido en este espacio de oscuridad…
Los primeros años no fueron fantásticos como las típicas historias y los cuentos infantiles que me contaban antes de dormir, había caído en una familia de clase media baja, no era una contienda diaria más tampoco era el Edén, ellos se esforzaban para sustentarnos a mí y mi “hermano”. La familia Phantom me acogió y me dio un nombre, otro además del que ya tenía del cual no tenían ni el más mínimo conocimiento. Mi nombre en ese país fue Relius, Relius Nightray como nombre completo. No estaba feliz, tampoco me sorprendía que alguien como yo no sintiera un verdadero amor, más no tenía recuerdos de mis padres biológicos. Nunca creería –aún viniendo de mi propia persona- que había nacido en Grecia bajo el romance de dos personas capaces de cambiar el mundo con una fuente de poder magnífica. Todo iba bien una noche, hasta que finalmente ocurrió una verdadera tragedia. Caminaba junto a mis padres y hermanos con plena tranquilidad bajo un cielo nocturno en la gran ciudad, nunca esperé que ese fuera el último momento junto a ellos. Mucho menos que mi madre me comentara con su último aliento la verdad de mi origen. Sí, lo recuerdo bien, todo a la perfección como si estuviese repitiendo el momento desde hace ya más de cinco años. En ese entonces yo tenía ocho de edad. Un ladrón corría hacia nosotros, nos gritaba que le diéramos lo que traíamos y que nadie saldría herido; gran error. Cómo podría pedir a una familia que les diera algo que no tenían… Sigo sin comprender, pero cuando alguien pierde algo eso jamás regresará, justo esa noche aprendí esa lección de vida. Ése hombre se robó las vidas de mis seres queridos, disparándoles un número considerable de veces; admito que perdí la cuenta cuando pasó el disparo número diez. La desesperación me consumía rápidamente, no sabía qué hacer o cómo actuar ante un escenario tan lúgubre; Ni siquiera pensé en vengarme, pero la ira fluía por sí sola, no necesitaba nada más que a mí mismo para poder cometer mi voluntad sobre ese miserable individuo llamado científicamente un “humano”…
Sin nada más que perder –o al menos eso creí- un aire de poder me rodeó, no logré sentirlo en ese momento, pues el odio arrancaba cada parte de mi humanidad convirtiéndome en una verdadera bestia, literalmente. Una oscuridad inigualable me rodeó, y poco a poco fue transformándose en una bestia de ojos rojos, no era algo que desconocía, sentía como la figura tomaba rasgos felinos, no era un gato o un león, sino más bien una especie de pantera. Mis ojos emitieron un resplandor de color carmesí, nunca había visto un color tan hermoso desde esos ángulos, probablemente ese es el origen de un gusto tan torpe viniendo de mí. Bastó con mover mi puño un poco para lanzar una especie de ráfaga de oscuridad cubierta de cientos de relámpagos. No sabía si era un sueño, una alucinación, una ilusión, o la cruel realidad. Ante los múltiples impactos el cuerpo de ese maldito ser humano salió proyectado contra una pared, y yo no dejaba de mover mi puño continuamente creando nuevos impactos. La sangre no tardó en dar un acto de presencia formidable, nunca había herido a nadie hasta ese momento, los cadáveres de mis seres queridos se mantenían detrás de mí, giré un poco mi rostro sobre mi hombro, al ver el rostro de aquellos a quienes amé con tanta fuerza, quienes brindaron el primer cariño verdadero, las personas que en realidad me querían ahora estaban muertas. La rabia comenzó a crecer, la desesperación seguía acompañándola, y yo era la víctima que nadie podía salvar. Una vez terminados los impactos la pantera que me cubría rugió, desapareciendo en pocos segundos. Yo por mi parte, miré el cuerpo sin vida del hombre que me había quitado lo que más amaba en ese mundo…


Última edición por Raito el Sáb Nov 17, 2012 2:41 am, editado 1 vez

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Re: Wonderwall.

Mensaje por Raito el Sáb Nov 17, 2012 2:06 am

La sangre del extraño corría perdiéndose entre el pavimento, la luz de la luna y los postes de luz reflejaban un escenario sádico que no pertenecía a la realidad. Ese fue el comienzo de mi fin en la ética y la moral. A los ocho años me había convertido en un asesino en potencia sin querer entrar en una categoría que nunca me agradó… “Los humanos no están destinados a ser felices”. Muchas palabras cruzaban por mi mente, a pesar de la edad fue necesario madurar a una velocidad claramente superior al resto de los niños que me rodearon. Por fortuna el gobierno envió a alguien para que se hiciera cargo de mí, se llevaron los cadáveres de mi familia, siendo el último de los Phantom en ese entonces. Solo yo podía salvarlos, pero cuando ellos más me necesitaban resulté ser alguien inútil. Cuando yo esperé ser la barrera que los protegería resulté ser más egoísta de lo que podía creer o al menos imaginar, tal vez no era mi hora de desaparecer, aunque tarde o temprano sucedería; preferí mantenerme en pie sin respuestas.
Había perdido algo más importante que mi propia familia esa noche, pues comencé a cambiar, no solo psicológicamente debido al típico trauma, sino que mis ojos, desde el momento en el que esa extraña pantera apareció, se tornaron en un tono rojo intenso. No había una razón que yo conociera, los médicos elaboraron suficientes exámenes para sacarme de quicio a la edad de diez años. Muchos se reían de mí por esta diferencia ocular, en mi interior solo deseaba recuperar lo que había perdido esa noche o al menos buscar más de las palabras que mi “madre” me dejó antes de partir como un último recuerdo de ella –ignorando el hecho de ver la última expresión pacífica con una falsa sonrisa en su rostro diciéndome con la mirada “Todo estará bien, no te preocupes por mi y huye”-. Aún recuerdo esas escenas de dolor, y las lágrimas siguen cayendo en estos papeles que encontré aquí, como un alma deambularte en un mundo que jamás había visto. Los años siguieron pasando, entrené mi cuerpo y mi mente llegando a armonizar mi alma con muchas dificultades en el transcurso. Mi velocidad, fuerza, y agilidad se vieron aumentadas, pero aún estaba la pregunta de la pantera de aquella noche en mi cabeza, no sabía cómo o por qué había aparecido en un momento tan crucial, logrando a confundirme un sinfín de veces. Mi agilidad se había vuelto magnífica, en las calles se me conocía como Night.
La Noche caminaba por los tejados de la ciudad de una manera despreocupada, con la gracia y elegancia de todo felino como influencia de la pantera que observé aquella noche. Me había vuelto otra persona, de hecho me adelanté varios años escolares al pasar horas y horas leyendo en la biblioteca escolar. Inclusive me hice amigo del conserje, ese hombre era una persona muy vieja pero se esforzaba cada día dando lo mejor de él mismo. Me enseñó a confiar en los demás sin importar la apariencia, también aprendí con él a distinguir las expresiones faciales y sus significados. Mis sentidos crecieron superando a muchos de los policías, mis oídos podían percibirlo todo, tenía un tacto fabuloso y una visión maravillosa tanto como tenebrosa y profunda, capaz de entrar en las mentes de cualquiera y saber la verdad o la mentira, sus deseos y sus temores. Era una persona que trabajaba en el servicio comunitario para conseguir al menos algo que mi estómago pudiera tener parte del día, el resto de mi horario lo abarcaba el sueño y los pocos labores que tenía. Cuando cumplí catorce años recuerdo ir caminando en la calle y ver en una televisión de un puesto ambulante de perros calientes el anuncio de un torneo por una armadura en el norte de Europa. La armadura poseía una figura de un cisne, sorprendente para alguien de mi credibilidad y la poca coherencia que el mundo de aquel entonces –mi mundo- me mostraba.
Esa misma noche al regresar a casa me dirigí directamente a mi alcoba y tomé un largo y profundo sueño para meditar una gran decisión en mi vida: Podía ir a ese lugar llamado Siberia, conseguir esa armadura y buscar respuestas por mi cuenta sin perder absolutamente nada. O podía quedarme y seguir una vida normal, sin perder nada más que a mí mismo y mis capacidades, tenía potencial como un asesino, un ladrón, o cualquier tipo de mafioso; al menos sería un informante del bajo mundo. Pero, yo quería más poder… quería saber por qué era la única persona en la ciudad con unos ojos de color rojo tan profundo como un lago repleto de sangre –la cual había sido derramada tanto por quienes amé y adoré con el alma hasta la sangre de quien me los había quitado sin piedad alguna o al menos un rastro mínimo de misericordia en sus ojos, pues seguía recordando las expresiones un tanto sádicas y victoriosas de aquel ladrón, a su vez la decepción en su rostro al saber que las palabras de “padre” eran totalmente ciertas pues la realidad era simple: no teníamos nada más que el amor de nosotros mismos-. Mi única luz en un mundo repleto de oscuridad era tomar un vuelo a las gélidas tierras de Siberia y huir de mi realidad a una fantasía carmesí.
La mañana siguiente corrí al colegio para despedirme de todos y sin tomar un solo documento más que los papeles que comprobaban mi nacionalidad. Me despedí de mis amigos, mis maestros, y ese conserje que tanto me enseñó de la vida. Pocas personas conocían mi círculo social, uno bastante cerrado y selectivo, pues si iba a perder a alguien me aseguraría de que esa pérdida no me doliera tanto como la primera vez, pues ésta había sido fatal en mí, derrumbándome hasta la última pizca de mi ser. Fue suficientemente bueno el hecho de caminar por las calles esa misma tarde, iba justo a tiempo al aeropuerto. Es verdad, no tenía dinero y debía admitir que estaba demasiado cansado, el reposo de la noche anterior no era lo mejor que podía darme el destino para recargar energía, pero de eso a la nada prefería tomar las últimas esperanzas en un movimiento que podía cambiar mi vida dentro de la ruleta de juego que la misma me había jugado a la mala suerte de los años pasados. No me serviría esperar por lo correcto, ni siquiera esperar por la buena suerte sería de gran utilidad. –La suerte no te busca a ti, tú debes encontrarla a ella-. Al llegar al aeropuerto, sin equipaje, más que una gabardina de color marrón, y bajo la misma un conjunto de color negro bastante casual cubriéndome del frío nocturno corrí al escuchar que el vuelo a Siberia estaba a punto de salir. Tal vez esos fueron los dos minutos más largos de mi vida, en el pequeño transcurso de tiempo recordé la agonía con la que había crecido hasta ese entonces. Pero la esperanza y la voluntad de mis seres queridos me respaldaba, podía sentirlos ahí; detrás de mí, sosteniéndome en caso de volver a caer para empujarme a un destino mejor, ellos habían perdido la vida por mi culpa, lo único que podía hacer era enorgullecerlos desde otro lugar para complacer las charlas que surgían cuando todos se encontraban cenando comida preparada por “madre” –una comida bastante nutritiva y casera; la economía no era favorable para nosotros y aún así sabía a pedazos de cielo servidos en un plato con sutileza y ese sabor que jamás lograré olvidar-. Mis ojos se humedecieron en unas cuantas lágrimas que recorrieron desde mis ojos hasta caerse entre los pasillos del vuelo. Al estar a un metro de entrar al pasillo que da con el avión, la mujer que atendía me preguntó qué era lo que hacía ahí, y respondí con una agonía falsa “Mis padres están dentro del avión, no puedo quedarme aquí solo”. La mujer rápidamente me escoltó a las entrañas del avión, luego me pidió que buscara a mis padres, incluso se ofreció a acompañarme pero negué con la cabeza un par de veces, ya que mis padres estaban siempre detrás de mí.
Sí, ellos me esperaban en el avión, también esperaban que cumpliera mi deseo y su voluntad. Esa fue la primera y última vez que tomé un avión hasta ahora. Recuerdo haberme sentado en uno de los asientos, era complicado caminar en un avión dentro del movimiento que éstos emprenden a la hora de levantarse, las corrientes de aire producían una seguridad en mí que desconocía, sentía que todo estaría bien a partir de ahora –pero para mi mala suerte esta no es una historia donde existen los finales felices, de lo contrario no sería divertido ni siquiera para mí escribir lo que he vivido ahora para explicar cómo terminé en donde actualmente estoy, sonará irónico, pero jugar con las mentes es fascinante, y si no lo hago con la tuya al leer estas memorias qué clase de persona sería…- Observé como un niño pequeño las nubes moviéndose fuera de la ventana, sería un viaje largo desde América hasta Alemania o Rusia, debía dormir pero algo me lo impedía, algo dentro de mí despertó en el momento donde comencé a observar como una enorme aurora de diferentes colores se formaba ante mis ojos, sólo los míos y nadie más. Llegué a preguntarle a una anciana de rostro amable y dulce si podía ver lo que yo veía fuera de la ventana; pero me respondió que tal vez necesitaba anteojos… Reí un poco ante el comentario, con una risa en un volumen bajo me dispuse a seguir observando con tranquilidad y ansia de lo que me deparaba el destino. –Goza de lo que tienes, no sufras por las ansias de lo que te espera- Las horas pasaban con una lentitud que nadie más que yo podía comparar, es decir… me incomodé varias veces en los momentos donde el co-piloto mencionaba el determinado tiempo que faltaba para aterrizar. Muchos dormían y otros, como yo, esperaban para poder admirar el paisaje teñido de un blanco color en la extensión de un terreno que –tratándose de mi realidad- jamás tocaría.

La aurora comenzaba a tomar diferentes tonalidades conforme llegaba acercándome a mi destino. Los colores en los que observaba con cierta nostalgia se tornaban en un tono violáceo con una mezcla carmesí; no eran mis colores favoritos, de hecho nunca había pensado en cuál era mi color favorito hasta ese instante, en donde pude distinguir en una mirada fugaz la figura de otro felino diferente al que había invocado la noche de la muerte de mis padres y probablemente de mi inocencia como un crío sin humanidad, un humano que había abandonado la ética y la moral que todos debían contener al menos en magnitudes pequeñas como pizcas de sentimientos, pero yo creía que eso era un simple estorbo y nada más que eso. Cuando el avión aterrizó, apreté mis puños con fuerza y entusiasmo, también debía encontrar la manera de no perder mis documentos y no ser apresado por no tener mi boleto, sin mencionar que podían llevarme de vuelta porque mis padres no me acompañaban y yo era un menor de edad. Fue entonces cuando una de las mujeres que daban las indicaciones aseguraron que estábamos a punto de llegar; en efecto, podía ver con claridad los hielos eternos y algo más en un campo de visión inigualable –pues era el único capaz de ver tal cosa- La aurora de hace un momento se intensificaba a lo lejos volviéndose más fuerte.
Podía ser la señal que busqué por muchos meses atrás para emprender un nuevo camino que cambiaría mi vida, en cuanto abrieron los pasillos que conectaban con el aeropuerto comencé a correr aferrándome a lo que me quedaba de esperanza, la imagen de la armadura con figura de cisne vino a mi mente en poco tiempo, incluso un hombre quedó perplejo ante mi velocidad y la expresión en mi rostro –Pues estaba feliz pero también mostraba ese toque de estrés en mi ceño mientras mordía parte de mi labio con uno de los colmillos ubicados a la derecha-. En menos de cinco minutos había logrado salir de ese lugar encontrándome en las calles donde los pocos taxistas que cruzaban para llevar o traer a las adineradas familias les hacían señales que en mi vida había visto de esa manera. En ese entonces mis ojos comenzaron a cambiar continuamente ante la presencia de una energía cósmica o astral, leí mucho acerca de esto en mis días de ocio dentro de la biblioteca pero seguía sin poder asegurar con claridad lo que podía canalizar en esos momentos.

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Mensaje por Raito el Sáb Nov 17, 2012 2:09 am

Cuando finalmente me decidí –después de unos tres minutos de escapar de los taxistas y sus miradas cargadas de soberbia por el dinero que anhelaban con fuerza-comencé a correr en dirección a la aurora que serpenteaba en un cielo de color azul marino, o una mezcla de azul oscuro y azul común: azul medianoche. Mis pasos se hundían entre la nieve, los primeros minutos fueron un enfoque mayor a acostumbrarme al clima, por fortuna tenía ropa que me protegería del frío hasta encontrar alguna cueva o alimento varado por ahí para no lastimar a nadie. –Sin embargo ahora que me percato, mi camino terminaría convirtiéndome en algo peor de lo que jamás imaginé- El paisaje era prácticamente hermoso, era idéntico a como se pintaba en los libros y las revistas que traían los fines de semana para leer y pasar un buen rato –ya que la televisión era aburrida y monótona, además de que no tenía una propia en la cual desvelarme hasta el amanecer sin fines lucrativos-. Confundir a alguien tratándose de direcciones en ese lugar resultaba sencillo, mucho más fácil de lo que parecía. Poco a poco comencé a perder el único rastro de mi inusual orientación en el extranjero, la aurora desapareció por varias horas y yo seguí caminando hacia el frente, hasta que me topé con mi límite y el cansancio me obligó a ceder ante el descanso.
Mi cuerpo lentamente comenzó a caer en una somnolencia nueva para alguien como yo. Tendido entre la nieve, ni siquiera sentí el impacto. Estaba al límite, mi consciencia se desvanecía lentamente y yo perdía el conocimiento de todo lo vivido esos días para dormir un poco. Dentro de mi cabeza las cosas eran una tempestad, no había una palabra más indicada que esa para describir lo que sucedía dentro de mí en ese instante. Aires de maldad y venganza me invadían, pero algo había ahí que los detenía como una barrera potente, la barrera formaba una tumba con los nombres de mis familiares escritos en ella. Damon Nightray, Sara Nightray, y mi hermano mayor… De algún modo, podía llorar con tan solo recordar las mejores expresiones dibujadas alguna vez en algún momento de mi vida, tal vez ellos deseaban que yo continuara con mi mundo y dejara sus almas descansar en paz, pero de ser así no estarían protegiéndome de esa ráfaga oscura acercándose a mí cada vez que tenía la oportunidad de poseerme.
El sueño de caminar en una ciudad desolada, donde las voces de mis seres queridos poco a poco fueron presentándose brindándome calidez y amor que a los humanos nos fascina como nadie tiene una idea. ¿Podía crear un mundo capaz de generar esa emoción tan pura y profunda en mí? ¿Aún si ellos jamás regresarían? Mis ojos, a pesar de ser un sueño, siguieron derramando lágrimas al sentir como sus cuerpos pasaban a mis costados, retrocediendo de un monstruo ubicado en el fondo de la calle, dando a la vista un callejón cerrado y un par de ojos carmesíes brillando en su interior. A su vez, mis propios orbes comenzaban a adquirir el mismo color, poco a poco el cielo se nublaba y el color se perdía. El espacio comenzó a distorsionarse sin presentar ninguna anomalía en la zona donde la oscuridad dominaba. Una vez más, la enorme tumba de formó delante de mí mismo, y mis ojos se enfocaron en ella, especialmente en los nombres grabados de mis difuntos parientes. Luego la misma oscuridad formó, manipuló, y creó su propio escenario convirtiendo un hermoso sueño en una espléndida pesadilla. Por más que intentaba abrir mis ojos no era capaz de conseguirlo, era una especie de bloqueo. A su vez, mi cuerpo perdió la movilidad con el paso de los segundos, y la tumba que me protegía se quebrantaba lentamente. Entonces, una voz siniestra musitó unas palabras desde el punto de oscuridad ubicado a una distancia considerable justo en frente.
-¿Crees que una simple tumba podrá detener todo el rencor que llevas dentro? No me hagas reír niño… La oscuridad no es algo con lo que puedas lidiar tan fácilmente, de hecho no escaparás de aquí a menos que hagas un trato conmigo, Raito- Confundido, apreté ambos puños con fuerza y lentamente una especie de energía violácea comenzó a cubrir mi cuerpo, envolviéndolo en una especie de energía cósmica muy diferente a la de aquella noche. Mi expresión se mostró aterrada, no por lo que mis ojos veían pues era la menor de sus preocupaciones, sino por los sentimientos siendo colapsados en ese momento, algo estallaba en esos pequeños lapsos de tiempo que generaban un lazo extremista con la oscuridad delante de sí mismo. –No sé… no sé qué es lo que ganas al buscarme- Murmuré, y el silencio se hizo presente a propósito, una sonrisa divertida se formó en la mismísima oscuridad, quien no dejaba de observar con curiosidad el rostro del menor. –Es sencillo, busco un contrato con alguien de tu categoría. Tienes nada pero a la vez todo, déjame enseñarte a controlar tu todo, convertirte en un maestro de la oscuridad- Sorprendido, dejé de emitir cualquier señal. Mi respiración comenzó a volverse agitada justo como un tifón, pequeños jadeos eran arrancados de mi alma mientras yo me imaginaba con un egoísmo incomparable la situación. Todo tenía un precio, pero ¿De dónde venía la oscuridad ubicada frente a mí? ¿Podía traicionar los ideales de mi familia para conseguir poder? Era una oferta tentadora pero no debía sacrificar algo tan importante… Pero a éste punto ya había pasado el tiempo suficiente para acostumbrarme a crecer y morir solo. Al pensar estas cosas vi como la tumba delante de mí terminó de ser destruida a mi voluntad.
-¿Eres la oscuridad, verdad? Tú fuiste la cosa que me dio el poder para matar al hombre que tomó la vida de mi familia…- Susurré en un volumen iracundo. –No eres tan estúpido como pareces, mocoso. Sí, fui yo quien te dio poder, también fui yo quien envió a ese hombre para asesinar a tus padres ¿Planeas hacer algo al respecto?- Mis ojos terminaron de abrirse, induciéndome en la duda y la confusión, todo se resumió en una simple palabra. –No- Sentencié. –Muy bien, muy bien… Poco a poco, comprenderás el funcionamiento de la oscuridad, su debilidad y su fortaleza, lo que te llevará a convertirte en un gran guerrero mediante el pasar de las noches. Irónicamente, Raito; no necesito algo de ti como retribución, pues no tienes nada que me interese, esa noche perdiste tu alma y esto puede ser una desventaja o no. ¿Sabes que significa todo esto, cierto?- No, no lo sabía pero intenté adivinar. –Así será hasta el día en el que muera, no es a…- Me vi interrumpido por algo, un golpe en el pecho desde mi propio interior. –No, no puedes morir porque la oscuridad eres tú, y tú eres oscuridad, la oscuridad está en todos lados. Pueden llamarte una falsa existencia, y lo sería así pero ya has vivido en ese mundo y has sentido aquello que llaman los humanos como el amor. De no ser por tu familia no tendría la necesidad de convencerte, y te convertirías en una marioneta para mi uso, soy caprichoso por excelencia, sabes…- Un minuto de silencio fue lo que produjo la escena. –Puesto que ahora me perteneces, dejarás los lazos de tu familia ocultos en lo más profundo de tu corazón - Puedo recordar ese momento por algo impactante, la lápida que fue destruida en ese panteón resurgió de las tinieblas para mostrarse una vez más, con los mismos nombres de mis difuntos parientes.
No quería perderlo todo, si bien eso era lo único que me volvía un humano, deseaba aferrarme a ello con todas mis fuerzas. –No quiero…- Me atreví a susurrar, con un nudo en la garganta torturándome conforme observaba el paisaje quemándose lentamente sin producir una sola flama, solo cenizas de inocencia danzando alrededor de mí para finalmente observar a una figura idéntica a mí en ese entonces, a diferencia de mí, la oscuridad no tenía ojos, o quizás si… pero éstos estaban sumergidos en una profunda oscuridad.
-No es algo que elijas o no, al final tu alma será de mi propiedad, por ahora solo debes fingir no saber nada del cosmos y todo será perfecto- No comprendía de algún modo esas palabras dentro de ese día, o sueño, lo que fuera… De cualquier forma, el destino había dictado desde ese momento que la oscuridad y yo jamás nos separaríamos, ni siquiera ante una posible muerte. Ese fue el inicio de mi delirio, mi desesperación y mi agonía. Fue en ese momento donde todo comenzó a desvanecerse, y la oscuridad finalmente me abrazó sin autorización alguna. No tenía caso detenerla, además, mi fuerza no era suficiente para poder salir de la situación ileso, entonces desperté.

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Re: Wonderwall.

Mensaje por Raito el Sáb Nov 17, 2012 4:48 am

Lo primero que mis ojos me permitieron observar fue la extraña pero familiar figura masculina de alguien que parecía tener una nacionalidad francesa o algo similar. No sabía muy bien de quién se trataba pero ésta persona me daba la impresión de haberla conocido en algún otro lugar, quizás en otra vida, o tal vez un flash forward. Sensaciones que no enmendaban mis antiguas confusiones mezclándose con lo vivido anteriormente en mi sueño opacaban todo aquello que me interesaba en ese momento. No sabía por dónde comenzar, ni siquiera cuanto tiempo soportaría sin ningún vínculo con alguien que pudiera protegerme, en cuestiones de supervivencia seguía siendo un novato después de todo… Cubierto por parte de la nieve que ha caído encima de mí durante mi sueño de penumbra y escenarios lúgubres aquel caballero utiliza un método poco eficiente para terminar de despertarme, el simple hecho de patear nieve a la cara de alguien sonaría divertido, pero no tanto si tu resultas ser la víctima del acto. Sin más que hacer o fingir tuve que despertar para evitar una hipotermia, afortunadamente aquel tipo estaba ahí, preguntándome cosas sin mucho sentido o coherencia en el momento. –Vaya, que desafortunado. Pobre tipo… ¿Estará vivo?- Escuché esas palabras, incrédulamente más preguntas dieron un acto de presencia acorralándome en contra de una pared colocando la clásica espada de por medio. –Hey, ¿quién eres tú?- Iba a responder con mi nombre e inclusive mi apellido, pero algo en mi garganta me detuvo. Fue una especie de picadura, no entendí que fue en ese momento pero ahora sé muy bien que la oscuridad me manipulaba perfectamente, convirtiendo mi cuerpo y cada centímetro de éste en una marioneta tan vacía como una momia.
-Sígueme, hay algo que te pueda interesar- Murmuró, sin pensarlo dos veces me decidí a seguirlo, no quería morir –y tampoco podía a decir verdad-. Mis ojos siguieron observando cautelosamente los pasos de aquel hombre, yo no sabía su nombre y viceversa, así que no perdía nada pero en realidad ¿Qué más podía perder? –Parece que quieres entrenar…- Concluyó en un tono sereno y frío, su aspecto no era el más agradable de todos pero en comparación a los rostros de aquellas personas en el aeropuerto prefería seguirlo a él antes que cualquier infortunio llegara a mi mente o peor aún, a mi misma realidad.
El viento golpeaba mi rostro, no llevaba equipaje y procuraba mantener mis documentos en uno de los bolsillos de mis pantalones. Pese a no necesitarlos mucho a partir de ahora suponía que debía mantenerme en la línea legal. Pero entonces unas palabras más salieron de ese hombre antes de que el mismo desapareciera entre las ventiscas heladas de las gélidas tierras siberianas. –Tendrás que ir a buscarme al palacio de cristal, hay un pueblo cerca, pregunta por él- Sin decir más, y sin explicar menos, su voz se perdió junto con el eco desesperado de una instrucción no muy cuerda. No tenía muchas alternativas, la hipotermia y otras consecuencias al exponerme de esa manera al frío terminarían por matarme tarde o temprano sino me apresuraba. Comencé a correr aún si mis pies se perdían entre la nieve, no me importaba caer –pues lo hice varias veces he de admitir-, tan solo debía soportar más tiempo, el hielo causaba en mi escalofríos y una temblorosa forma de movimiento. Una extraña melodía venía a mi mente, sin pensar, el silencio comenzó a desvanecerse hasta el punto de terminar escuchando solo eso, nada más…
Después de haber corrido lo suficiente llegué a toparme con una cueva desolada, no había otro individuo dentro de ella que no fuese yo. Si debía ser egoísta para sobrevivir, tendría que llevar ese modo de vida tarde o temprano –pues sigue siendo un requisito si quieres llegar al abismo- “Aún no te rindes, ¿cierto?” La oscuridad nuevamente me hablaba como si fuese lo más normal y común en la vida, podría considerarse como una especie de grillo en mi oído, uno enorme y aterrador intentando devorarme o mejor dicho manipularme hasta el fin de mis días sin escapatoria alguna. No pretendía huir, ya nada me respaldaba. Suspiré, susurrando una canción de la radio para mí y nadie más, tal vez era una indirecta directa para la oscuridad, en fin; ya no importaba nada. –Human behave yourself you have burst at the seams… let it all fall out open your mouth. Often I lie wide awake think of thinks I can make but I don’t seem to have the parts to build them… Human I wonder why you’re a better make than I could ever build or create , you don’t know not love or hate- Quizás esas palabras no eran en realidad mías, más solo salían de mis labios por arte de los hilos del destino controlados por la oscuridad a la que ahora me encontraba atado, no encontraba el aspecto positivo, o al menos la ironía en todo el asunto. Entonces logré decir algunas palabras a mi voluntad. –I am so scared of what will kill me in the end for I am not prepared…- Perdía y tomaba el control de mis propias palabras. No sabía qué maldito o misero juego estaba jugando, lo único que quería era volver.
–Human I’m trying to come clean, I will be a better me. I don’t know what it’s like to be alive, to say good bye, to cry a thousand tears because my ears won’t listen. Human I’m trying not to lose my faith in you, I’ve sussed out of all that I’ve seen through, I’ve sailed an ocean- Debía detenerme ahora antes de desaparecer de todo aquello a lo que en verdad apreciaba. Mis labios se detuvieron, cediéndome la palabra a mí, un humano común y corriente acorde a las palabras de la oscuridad. Sentía como mi esencia era modificada, incluso mi aroma cambiaba… –I am so scared of what I’ll look like in the end for I am not prepared. I hope I will get the chance to be someone. I used to hear it all so loud, the sound of my heart breaking. The truth is waiting to be found I trust that I will take it…- En un susurro final, decidí salir a emprender mi misión, aquella que me llevaría a avanzar hacia mis más profundos anhelos dentro de un mundo tan grisáceo y deprimente.

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Re: Wonderwall.

Mensaje por Raito el Sáb Ene 19, 2013 2:55 pm

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