Jack in Wonderland.

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Jack in Wonderland.

Mensaje por Raito el Sáb Ene 19, 2013 2:48 pm

Nota: El personaje mostrado dentro de éstas líneas es de mi propiedad, se trata de un personaje original con la armadura de Caith Sith, nada más. No pertenece a la realidad del SSAP, siendo así una especie de paradoja. Disfrute la lectura.

¿Era su imaginación o acababa de morir sin justificación que respalde los hechos bajo una vida repleta de ironías? El aire que antes anhelaba cada noche de su vida había desaparecido de algún modo. El contexto era diferente, ninguna corriente de aire podía golpear su cuerpo bajo ninguna circunstancia, y lo peor era tal vez que el terreno frío contra el que su cuerpo entraba en contacto le producía un escalofrío incomparable. Siempre supo que sus ojos le consideraban como algo anormal. Es decir ¿Qué clase de persona tenía los ojos violáceos en un mundo tan común? Muchos lo consideraban un monstruo, una bestia y nada más. ¿Acaso las bestias no eran ellos por tratar así a un simple inocente? No, no eran culpables del todo, pues detrás de una enorme sonrisa, grandes eventos enigmáticos podrían esconderse con un simple espejismo. Primero debía abrir los ojos, aunque un extraño presentimiento de haber entrado al lugar equivocado, por seguir a un conejo en un siniestro bosque, sonaba a una paradoja del destino, o quizás una historia alternativa a la de un cuento para niños.

No es que odiara la locura presente en cada una de las personas, tan sólo no los consideraba dignos para presenciar lo que éstas emociones podrían generar en el hombre. A veces la locura es un buen método para caer en la felicidad o en su defecto la desesperación absoluta y al final la muerte. ¿Esa era la única salvación al final? ¿Qué sentido tiene vivir para después morir? Enarcó una ceja, confundido ante sus propias cuestiones. Finalmente, después de unos minutos decidió levantar su espalda, quedando sentado en el entorno. El silencio era grande, era como estar dentro de un enorme abismo donde ya no existe la escapatoria o al menos la esperanza de huir. Nunca fue bueno enfrentándose directamente a cualquiera, pero eso no quería decir que no era capaz de lograrlo si así lo deseaba.

-Jack, eres un idiota con demasiada suerte- Susurró para sí mismo, después sonrió con dificultad para comenzar a abrir los orbes que condenaron su vida. ¿En realidad había muerto? Simplemente se había imaginado aquél hecho como un espacio vacío de color negro, sólo eso. Se supone que, científicamente hablando, el cerebro da diez minutos más de vida antes de dejar recorrer las últimas descargas que impulsan el cuerpo humano. De ser así no podría moverse y después habría muerto. Pero estaba vivo y eso era lo peor para alguien de su categoría ¿No?

Finalmente los ojos violáceos del alemán terminaron por abrirse, su visión era muy buena aún en la oscuridad. Tal vez su apellido hacía gala a las características que lo definieron en vida. Mamá y papá estarían orgullosos de él ¿Dónde estaban ellos? ¿Habrían muerto también? No, probablemente seguirían una vida normal antes de su escape, sobrevivir a su modo era emocionante pero se convertía en un arma de doble filo y al final de cuentas las cosas no funcionarían como lo planeó desde la niñez. ¿Es que nadie podía hacer magia? Él creía en las hadas, particularmente había un ser que llamaba demasiado su atención, según las historias de su madre eran llamados Caith Sith, o en otras palabras Gatos Hada. Siempre deseó con ver uno, pero nunca logró complacer ese deseo, quedando solamente en el olvido y nada más.

Suspiró con pesadez y pereza al mismo tiempo, subestimando el cielo de colores enfocados en el rojo oscuro y mezclas del color purpura con el azul. Lo primero que pensó fue “Demonios, alguien me ha drogado hasta los límites”. Vestía con varias prendas de color negro en buenas condiciones, una gabardina dejaba descubierto su pecho, éste se cubría con un suéter del mismo color. En sí todo el conjunto no perdía las combinaciones. Sus pasos fueron firmes en un principio, todo fue normal en cuestión de la vista hasta visualizar un arco enorme. La estructura resaltaba bastante en el contexto; lo que en un principio le recordó a la Divina Comedia de Dante, creía que se trataba de algo más desarrollado, una especie de país de las abominaciones; hermosas abominaciones por cierto.

Si estaba en lo correcto, la estructura a lo lejos era la Puerta del Mundo de las Tinieblas. Un título peculiar y espantoso para cualquiera aferrado a vivir. Otra ironía: ¿Los humanos no piden nacer, no saben vivir y no quieren morir? Abandonar toda esperanza era inútil, sus propósitos no estaban basados en esa vacía forma de soñar. Lo que botó al joven de sus pensamientos fue la voz masculina, desconocida pero fuerte al mismo tiempo. Probablemente una de las autoridades del reino. ¿A qué se refería con espectro? ¿Caith Sith? ¿Su señora? Quedó perplejo en un comienzo, su mente permaneció en blanco hasta quedar en un silencio incómodo donde nada más que la espera de las instrucciones ajenas fueron un factor que regresaron al pelinegro dentro de una desquiciada realidad. Y voló dejando un mensaje de rencor sin razón aparente.

-Me molesta ser tomado tan a la ligera, pero acepto su desafío señor. Ahora bien, ¿Alguien podría decirme qué camino debo seguir para salir de aquí?- Preguntó curioso al aire, a lo que su propia voz respondió dentro de su cabeza. -Esto depende en gran parte del sitio a donde quieras llegar- Confusión junto a un delicioso coctel de preguntas, sarcásticamente hablando obviamente. -No me importa mucho el sitio- Masculló formándose una sonrisa lunática en el rostro lentamente. -Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes- Aquella frase terminó con una carcajada leve, entonces se dispuso a caminar por el lugar visualizando cientos de cuerpos en movimiento. Almas en pena en forma de cadáveres, unos en estados de descomposición más avanzados que otros; jamás podrían encontrar la paz eterna y mucho menos la salvación: Pobres almas en desgracia, miserables hasta la última gota de su existencia. Pena, junto a la necesidad de burlarse en cada uno de ellos sin razón aparente, sus ojos adquirieron en ese entonces una propiedad inhumana; su pupila se había partido como un felino ¿Ése era el inicio de la maravilla?

Iba a caminar por el agua, pero no era la clase de persona, o espectro en todo caso, que conocía en totalidad cada una de sus capacidades. Sin embargo, había a lo lejos alguien portando una armadura oscura, tal vez ese hombre era también un espectro. Entonces pensó en jugar al ilusionista tan sólo dentro de esa pequeña parte de la historia. Sus ojos brillaron un poco, cambiando su apariencia por la de un pequeño de cinco años: cabello negro y ojos marrones, el mismo color de tez y prendas en malas circunstancias. Entonces caminó con inocencia fingiendo entrar en el papel de una marioneta hasta llegar y decir en un tono inocente -¡Señor! ¡Señor!- Exclamó con desesperación. -¡¡Qué demonios hace un niño viviente en el Aqueronte!!- Gritó el contrario de extraña dentadura. -D-Debo ir hacia allá…- Murmuró con timidez, a lo que aquel espectro se mostró extrañado todo se resumió a un -Sube, pero antes necesitas darme un objeto que pueda pagar el viaje, niño- No podía estar bromeando, pero los sacrificios eran necesarios y a fin de cuentas ya no necesitaría algo material en un lugar donde sólo importa el alma de un individuo. Introdujo sus pequeñas manos falsas en uno de los bolsillos vinculados fuera de la ilusión con unos de la gabardina original, sacando un reloj de plata aparentemente, no era nada más que una piedra del mismo submundo. Pero, a los ojos del hombre sería lo que ya había sido mencionado. Conforme el tiempo pasó ahora se encontraban navegando entre el río, su expresión mostraba el ceño fruncido con levedad ante la preocupación mostrada por el infante. Sus únicas armas eran la imaginación ante la realidad. Una sinfonía comenzó a recorrer su mente, tan sólo para continuar con la ilusión en contra de Caronte, el remo producía un eco en las aguas del infierno que lo relajaba a un nivel extraño e interesante al mismo tiempo.

Al llegar, tan sólo se despidió con un gesto sencillo enfocado en su mano derecha, dedicándole una amigable sonrisa al contrario. Quien tan solo bufó regresando a su lugar correspondiente, al perderlo de vista sus ojos brillaron de nuevo, quebrantándose esa falsa apariencia mientras sentía un universo nacer desde su interior. -¿Y ahora qué podría hacer? ¿Dónde se supone que Antenora se encontraba? Nunca leí la divina comedia, imagino que está al final… por lógica, éste reino también debe ser inmenso y al igual que en todo imperio existen guerreros dispuestos a aniquilar a un impostor, o en mi caso un desconocido. Bleh, aquí voy- Bostezó cubriendo su boca con sutileza, emprendiendo otro camino en dirección al enorme juzgado ubicado a lo lejos.

Si el silencio era un factor que lo salvaría, entonces caminaría con cautela. Al llegar, fue necesario dar pasos cargados de lentitud y armonía, por muy falsa que fuese debía comportarse así hasta el momento de liberar tensiones. Quería ver, sin razón alguna, un conejo blanco corriendo por ahí con retrasos en el horario tan sólo para burlarse de él. Pero no, encontró a un guerrero deforme con una armadura representando a un esqueleto, no tardó demasiado tiempo para que el soldado pudiera verlo, a lo que reaccionó con agresividad, dirigiéndose con una postura amenazante mientras la guadaña entre sus manos comenzaba a adquirir violentos movimientos. Su rostro tan solo le dedicó una sonrisa, de manera inconsciente encendió su cosmos. -Si vas a acercarte así a un aliado, entonces tendrás que buscarme alrededor de todo esto para lograr cortarme, gusano- La última palabra fue recalcada a propósito. Su cuerpo se vio envuelto en cosmos de color purpura, al mismo tiempo comenzó a desvanecerse dejando una enorme sonrisa junto a un par de ojos en la zona superior, antes de que el esqueleto le atacara, ahora podía volverse intangible por determinado tiempo, lo que aprovechó para pasar la prisión sin ruidos, efectivamente se había deshecho de aquel ser. No obstante estaba plenamente seguro de enfrentar enemigos más fuertes en un futuro.

Luego de haber salido de la primera prisión, Jack caminó por una especie de puente, mirar abajo no era nada favorable con un enorme abismo esperando a un idiota caer en él. Era comprensible con tantos vientos de inusual color negro azotando la escena. Más adelante una majestuosa imagen se mostró ante sus ojos. Quién diría que la cultura egipcia también existía dentro de un mundo tan lúgubre… La lluvia surgió, era casi tan helada como los gélidos hielos eternos del norte en el mundo de los mortales. Nunca adquirió el gusto de viajar a esos extremos, le resultaba poco favorable para alguien de su categoría. Para dejar de mojarse, por gusto y necesidad comenzó a correr con el propósito de atravesar rápido el interior. Mala suerte quizás, el ver al famoso Cerbero devorando las almas de los avaros fue un golpe en el estómago que lo frenó sin muchos problemas. Esconderse en uno de los pilares caídos fue una solución decente, al mismo tiempo comenzó a caminar con sigilo hasta la salida, sin ser detectado aparentemente.

Decidió ignorar el campo de flores, y pasar éste de largo. No gustaba de admirar escenarios tan poco estructurados, sin mencionar que hacía perder las ganas de continuar. Si quedaba como una simple flor, tarde o temprano se marchitaría; además ya había perdido la esperanza hace tiempo, incluso antes de morir entre comillas. Algo similar sucedió con la siguiente prisión, ocultándose entre las rocas que las almas empujaban por la eternidad, afortunadamente ésa vez ningún espectro pudo notarlo. No sintió lástima, ni siquiera una pizca de piedad nació de su ser para intentar terminar con su sufrimiento. Tampoco conocía sus límites, sin mencionar que nada ganaba en hacer algo que no le habían encomendado. Decenas de sus dudas existenciales eran respondidas por una simple y sencilla palabra: No. Nada. Nunca. Pretender ser un héroe era historia vieja de la infancia, la madurez obligaba a una persona en hacer crecer a un joven.

Las rocas comenzaron a teñirse de negro mediante los pasos que emprendía. -Me pregunto si mi alma sigue siendo de mi propiedad- Entonces una risa cruel y psicópata dio acto de presencia a lo que resultaba ser otro espectro. Pero, ahora no podía escapar. -¡Jajajajaja! Miserable humano, mírate… tan vulnerable y solitario. Bienvenido a la cuarta prisión, donde son castigados aquellos que han caído en la ira y la desolación… Soy el espectro de Lycaon y voy a- Entonces tomó el descaro de interrumpirlo, sabía bien de qué era capaz bajo ciertas circunstancias. -No me importa en lo más mínimo saber el sarnoso animal que representas. Yo sólo te derrotaré de la manera que sea necesario para cumplir mi misión, basura- Sonrió con sorna ante el contrario, aquel mostró presionar su quijada con fuerza, demasiada altanería provocaría la muerte del minino, o al menos eso pensó. -¡Que así sea entonces! ¡¡¡Howling Inferno!!!- Gritó, encendiendo su cosmos, eran muy similares. Él hizo lo mismo, aquel espectro se acercaba con rapidez hacia él, tan sólo sus ojos brillaron como primer señal, sólo un presagio de victoria. De sus manos fueron creadas ambas esferas, teniendo el propósito de impactar su pecho. Ya había tenido suficiente de emplear ilusiones; ahora mostraría su verdadera capacidad. Las manos ajenas impactaron en el pecho, sin embargo su corazón absorbió el poder del Lycaon, creando un impulso que los separó. Posteriormente introdujo su mano sobre su pecho, sacando la energía implementada por el contrario. La sorpresa en el rostro ajeno era algo que le fascinaba. Esa mezcla de miedo junto a la confusión daría fruto a una locura. -Dime, ¿Cómo se siente? ¿No es genial? La locura y la oscuridad caminan de la mano. No, no estoy loco, es sólo que mi realidad es muy diferente a la tuya, sin importar que estemos del mismo bando- Musitó, indicándole que le llevara a la siguiente prisión, por lo que fue necesario subir a la canoa a su disposición. Al llegar aún con la esfera de oscuridad en mano, se acercó al contrario con una amplia sonrisa. -En mi realidad todos estamos locos- Susurró, insertando la oscuridad en el pecho ajeno, provocando un estallido que mandó a impactar contra una roca al espectro. Dio una media vuelta, y procedió con su camino.

Y así fue su travesía hasta la octava prisión. Caminó por paraísos vueltos cementerios, estanques de sangre ardiente, bosques infernales, desiertos ardientes, cascadas sacadas de una sangrienta paradoja, y las diez famosas malebolgias. Ahora, dentro de un amplio desierto gélido, frío como la punta inversa de un iceberg, no había mucho que pensar visualizando a lo lejos cuatro templos majestuosos. Todo un espléndido infierno de hielo.

Demasiado silencio para su gusto. El Inframundo nunca había sido clasificado como un lugar donde las almas dejaran de sufrir. Podía notar como cientos de cuerpos yacían congelados unos sobre los otros, ni siquiera despertaban una pizca de sentimientos en el joven denominado espectro por aquel hombre. Suponía que, bajo el viaje y la información recopilada como buen espía que era, se trataba de uno de los tres jueces del Inframundo. Y al conocer el nombre del círculo donde yacía, dedujo que no era nadie más ni nadie menos que Aiacos de Garuda.

Sus pasos comenzaron a volverse fuertes, ya había perdido el temor a desaparecer comparándose con el Jack de un inicio al Jack del ahora. El actual podía controlar su cosmos, era capaz de sobrepasar los límites establecidos por los dioses en cada uno de los mortales gracias a la elección divina que su dios Hades había ejercido sobre él. Denominándolo al mismo tiempo como espectro de Caith Sith, ¿Quién imaginaría que al final se convertiría en un representante de la criatura que siempre anhelo ver con todas sus fuerzas de pequeño? -Mamá y papá estarían orgullosos de mí, creo- Susurró nostálgicamente, abriéndose paso hacia Antenora, posteriormente iría a la última esfera y paradero del señor Hades. Una vez dentro exclamó bajo un nivel decente en sus cuerdas bucales, nunca había sido alguien imprudente; pero eso ya no importaba más en su posición actual. -Aiacos de Garuda, me resulta increíble pensar que ahora estoy aquí esperándote. No tengo el propósito de enfrentarte directamente en combate, sería toda una blasfemia a éste reino ¿Pero sabes? No es necesario luchar contra ti, por el simple hecho de decir que mi mejor arma ante la realidad es mi imaginación. Podría repetirlo millones de veces, tengo quizás más de nueve vidas para hacerlo pero: Mi realidad siempre será muy diferente a la de los espectros, y aún siendo uno nada podrá cambiar la esencia de un Caith Sith. Ahora demuéstrame ese dolor junto a la tortura que mencionaste antes de que cruzara éste mundo- Finalizó, una respuesta por parte del juez no tardó en presenciar sus oídos y ojos. -Espero que sepas con quién estás hablando, escoria. Podría matarte ahora mismo, pero tu alma ya es otra esclava del submundo, ahora déjame destrozar tu alma hasta que la última gota de histeria escape de tu cuerpo. ¡Muere! ¡¡¡Garuda Flap!!!- Sentenció su técnica, aumentando su cosmo energía de un solo golpe para impulsar ambas manos en una corriente de potencias colosales. Primero encendió su cosmos, no había armadura que lo protegiera. El tornado lo había alcanzado y ahora su cuerpo era dañado con cortes de diferentes grados, muchos leves y otros más profundos. -A pesar de todo, las apariencias pueden resultar todo un engaño- Sonrió, a pesar de la sangre derramada ahora mezclada con el viento, antes de ser arrastrado por la corriente su cuerpo comenzó a convertirse en neblina, volviéndose prácticamente inmune a la ventisca y a la corriente eléctrica con la que se había mezclado. El ataque del juez había surtido efecto, más no el esperado. Una vez que la ráfaga de cosmos se dispersó en el helado entorno de Cocytos, el minino regresó su cuerpo a su estado original materializando la neblina en lo que fue anteriormente. Las marcas eran notorias, parte de sus prendas habían sido rasgadas ante el incomparable poder de Aiacos.

Al final, terminó por sonreír mientras daba una media vuelta, caminando de salida en dirección a Guidecca, antes de partir giró su rostro sobre su hombro derecho, dando un último vistazo por ahora al juez. -Por cierto, mi nombre es Jack de Caith Sith. Pero en mi mundo no existe una Alicia a quien confundir o traicionar- Y entonces salió, finalizando su pequeña desventura en su hogar: el País de las Maravillas, o mejor dicho: el Inframundo.
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